martes, 10 de enero de 2012

Brutalidad en los asesinatos de La Bestia

El asesino de esta semana tenía unos gravísimos problemas psicológicos -como veremos el jueves- que marcaron sin duda su modus operandi. Su primera víctima fue una niña de 9 años: la desnudó violentamente y, a la vista de su sangre, se sintió excepcionalmente excitado. La acuchilló repetidas veces, ya que descubrió que era una buena forma de lograr el orgasmo, que con relaciones normales no conseguía –era impotente-.

De esta forma, Andrei Chikatilo vio que la única manera de superar su frustración sexual y obtener placer consistía en maltratar los genitales de sus víctimas, que en su mayoría fueron niños y adolescentes. Después de la primera niña, tardó 3 años en volver a matar. Intentó tener relaciones sexuales con una muchacha de 17 años, pero no pudo conseguir una erección; perdió el control, la estranguló, mordisqueó su garganta, le cortó los senos y se comió los pezones. A su tercera víctima la acuchilló 40 veces y le sacó los ojos. A partir de ese momento, la firma de La Bestia de Rostov sería hacer siempre eso. El mismo año, 1981, acabó con tres personas más, entre las que se encuentra su primera víctima masculina, un chico de 9 años. Comenzó a asesinar cada vez con más frecuencia, la sangre y la muerte le proporcionaban placer y paz. Lograba una sensación de poder que le hacía olvidar su impotencia.

Elegía a sus víctimas y las convencía para que le acompañaran al bosque. Una vez allí, las apuñalaba y sistemáticamente, les sacaba los ojos. A algunas, les arrancaba la lengua a mordiscos para que no gritasen. A las más adolescentes les seccionaba los pechos y los pezones, a veces con un cuchillo y otras son sus propios dientes. Les extirpaba el útero con gran precisión y lo masticaba. A los niños les mutilaba a mordiscos, les cortaba los genitales y guardaba los testículos a modo de trofeo. Y así hasta cometer un mínimo de… 53 asesinatos. Uno de los pocos asesinos comparables a Jack El Destripador –de hecho en inglés se le llama Rostov’s Ripper, parecido a Jack The Ripper.

lunes, 9 de enero de 2012

La Bestia de Rostov

Nombre
Andrei Chikatilo
Alias
La Bestia de Rostov
Fecha del crimen
1987-1990
Lugar del crimen
Rusia
Singularidad
Era impotente, cosa que le torturaba inmesamente. Pensaba que era un inmerecido castigo de Dios.


Era diciembre, hacía mucho frío, casi no sentía los labios. Tapado con un abrigo de plumas y una bufanda de lana, salía del colegio de donde trabajaba, cabizbajo como todos los días.


Su vida era mediocre, y encima, tenía que soportar las burlas de sus alumnos, esos “niñatos” que le apodaban "el ganso" por sus largos hombros encorvados y su cuello alargado. Hacía años que había perdido las fuerzas para conseguir respeto en las aulas su motivación por la educación, ya ni la recordaba. Se había dado cuenta que esos muchachos no aprenderían nada, cuando cumplieran la edad se irían del colegio sin más y crecerían como macarras aprovechándose de los demás.


La niebla de las calles reforzaba sus pensamientos grises, cuando apareció por la lejanía la figura de una pequeña niña que merodeaba por la zona. Debería tener unos nueve años, llevaba un abrigo rojo con capucha grande. Al verla, sintió un escalofrío, no provocado precisamente por el frío hibernal.
Se acercó a ella y empezó a charlar con esas dotes pedagógicas, que apenas utilizaba en sus aulas, pero que hacía años que dominaba a la perfección, además tenía dos hijos con los que mantenía muy buena relación.


 La convenció para llevarla a una cabaña perdida en el bosque mientras le contaba un cuento entrañable… ¿qué pasó en esa cabaña?

lunes, 2 de enero de 2012

Los literales baños de sangre de la Condesa Báthory

Hoy os ofrecemos otra entrega de nuestro amigo y colaborador David González Caballero, quién ha querido compartir con todos nosotr@s otra de sus fantásticas historias. Si os perdisteis la primera que nos ofreció, la podéis leer de nuevo aquí (primera parte y segunda parte). ¡Muchas gracias David!

Mis amigas de este blog han escrito sobre asesinos tan famosos como Jack el Destripador o el Vampiro de Düsseldorf, demenciales mentes criminales que dieron muerte a más de media docena de seres humanos. ¿Pero qué son media docena de muertes cuando en las brumas de la historia criminal se ocultan personajes como la Condesa Isabel Báthory, una mujer que fue capaz de acabar con la vida de al menos 600 mujeres y niñas?

Durante dos entregas voy a hablarles de la fuente de inspiración (junto con el Conde Vlad Drakul) de William H. Polidori y Bram Stoker a la hora de escribir sus historias vampíricas, la denominada “Condesa Sangrienta” Erzsébet (“Isabel” en húngaro) Báthory, conocida por sus literales baños con sangre de doncellas y por salir en el Libro Guiness de los Récords la mujer que más ha asesinado en la historia de la humanidad con 630 muertes. Hay muchos mitos y leyendas que rodean a tan oscuro personaje pero intentaré no caer en ellas para relatar un ya de por sí horripilante relato.

Nacida en el seno de la aristocrática familia Báthory en el año 1560, esta condesa estaba emparentada con el Rey de Polonia o el Gran Príncipe de Transilvania, lo que le valía una importante fama dentro de las clases nobiliarias de la Europa del Este. Casada con el Conde de Nádasdy, su vida fue aburrida e intranscendente dentro de las paredes de su castillo… hasta el año 1604, cuando se quedó viuda. La muerte de su amado marido y su obsesión por mantener una belleza juvenil indefinidamente (recuerdo que cuando murió el Conde ella tenía 44 años) le hicieron tomar una senda por la que sería recordada para siempre en los anales de la historia criminal.

Después de probar todo tipo de ungüentos milagrosos y “pociones mágicas” para detener el inexorable paso del tiempo que marchitaba su cuerpo, alguien (en algunos sitios dicen que fue su nodriza) le aconsejó que probara la Hematomancia, la magia roja, la magia de la sangre. Lo que sí se sabe verdaderamente es que a partir de 1604 se rodeó de todo tipo de personajes oscuros: brujas, hechiceras, nigromantes… Todo ello con un propósito: conseguir la juventud eterna.

Pero para ello tenía un último obstáculo, pues había un ingrediente que no se podía comprar con el dinero que había en sus riquísimas arcas: necesitaba sacrificios humanos.
Un día, una de sus doncellas le dio un tirón de pelos al peinarla. Airada, Isabel le dio un bofetón que le rompió la nariz a la pobre muchacha. Pero cuando la sangre salpicó la piel de Erzsébet, a ésta le pareció que allá donde había caído desaparecían las arrugas y su piel recuperaba la lozanía juvenil. La condesa, fascinada, pensó que había encontrado la solución a la vejez mediante el uso de la mencionada hematomancia. Con la ayuda de sus sirvientes más acérrimos, desnudaron a la pobre doncella, la degollaron y con la sangre que brotaba de la herida llenaron una bañera del castillo para que la Condesa pudiese llevar a cabo tan macabro ritual.  Erzsébet se bañó en la sangre con el propósito de recuperar la belleza de antaño. Algunos dicen que incluso se la bebió.

No se sabe qué resultados le dio aquel baño ni si recuperó su lozanía pero lo que se sabe seguro es que no fue la última vez.


Continuará…

domingo, 1 de enero de 2012

Y no podía faltar...

... porque un año que empieza con criminología, tiene que ser un buen año. ¿Verdad?


¡Para nosotras lo será si contamos con todos vosotros!

sábado, 24 de diciembre de 2011

En estas fechas...


viernes, 23 de diciembre de 2011

420 años de prisión para R. Vega

Después de matar a 16 ancianas en un año (1988), un tribunal de Santander determinó que José Antonio Rodríguez Vega, por aquel entonces ya conocido como El Asesino de ancianas era culpable de violación, homicidio, robo… Citando la propia sentencia: “Debemos condenar y condenamos a José Antonio Rodríguez Vega como autor criminalmente responsable de 16 delitos de asesinato a la pena, por cada uno, de 26 años, 8 meses y un día de reclusión mayor”. Además, se añadieron condenas por delitos de abusos deshonestos y hurto. También se le obligó a indemnizar a los herederos de sus víctimas con una media de ocho millones de pesetas.

Ya había sido condenado previamente (el 20 de diciembre de 1979) por violación, tras ser descubierto como El violador de la Vespa. Una vez se le concedió la libertad condicional, se dedicó a captar la simpatía de mujeres ancianas de entre 60 y 90 años que vivían solas y a hacer todo lo que hemos visto, y después como ya sabemos, se llevaba objetos como trofeo. Se le capturó el 19 de agosto de 1988 y estuvo en prisión hasta el 25 de octubre de 2002. Vega se encontraba cumpliendo condena en la cárcel de Topas, en Salamanca. Ese día fue apuñalado por dos reclusos del centro, al parecer por incumplir dos "leyes" de los presos, ser un violador y trabajar de chivato para los funcionarios de prisiones. Fue enterrado en una fosa común al día siguiente, y sólo acudieron al entierro… los dos enterradores.

Versión digital del artículo de El País, de 1988, sobre la detención de El Asesino de ancianas

jueves, 22 de diciembre de 2011

Impulso sexual, cleptomanía y embotamiento afectivo

El perfil psicológico de El Asesino de ancianas, José Antonio Rodríguez Vega, está caracterizado por tres grandes rasgos: un impulso sexual irrefrenable, el trastorno cleptómano  y un embotamiento afectivo. 

Como hemos explicado ya en muchas ocasiones (véase El Depredador de Seattle) la cleptomanía es el trastorno del control de los impulsos que hace que la persona que padezca este trastorno robe objetos de forma compulsiva. Ayer vimos en la descripción de las víctimas de El Asesino de Ancianas  que el asesino siempre robaba objetos personales de sus víctimas.

Pero además de este impulso por robar, Rodríguez Vega tenía un impulso sexual. Padecía un trastorno de perversión sexual múltiple que le llevaba a abusar de sus víctimas (con tocamientos, penetración de objetos, etc.)

Otro rasgo del perfil psicológico de El Asesino de Ancianas es que le  costaba establecer relaciones con las demás personas. Esto le lleva a que padezca embotamiento afectivo, es decir, un trastorno que le dificulta exteriorizar sus sentimientos. 

 También queremos destacar que José Antonio tubo una infancia marcada también por la desestructura familiar –lo vimos la semana pasada con La Doncella de la Muerte-. Este es un rasgo muy típico de  los asesinos en serie. Durante su infancia recibió el rechazo de su familia, motivo que marco su psicología. 

Todo esto llevó a que Rodríguez Vega se convirtiera en un asesino en serie, acabando con la vida de 16 mujeres de avanzada edad y con el mismo modus operandi que os explicamos el martes.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Las 16 víctimas de El Asesino de Ancianas

José Antonio Rodríguez Vega, más conocido como el Asesino de Ancianas acabó con la vida de 16 mujeres de edad avanzada en tan solo un año. En el post de hoy vamos a conocer quiénes eran las víctimas.

Victoria Rodríguez Morales. Asesinada el 15 de abril de 1987. La mujer tenía 61 años. Estaba en su casa cuando José Antonio entró de forma imprevista. Le tapó la boca y la nariz con la mano hasta asesinarla por parada cardiaca. Se llevó objetos y ropa de la mujer.

Simona Salas Menéndez.  Asesinada el 11 de julio del 1987. La víctima tenía 83 años de edad. La mujer le pidió ayuda para subir unas bolsas de la compra a casa, él se ofreció y una vez dentro del domicilio le tapó la boca y la nariz hasta provocarle la muerte por parada cardiaca. Luego la llevó a la cama y la tapó con una manta. Antes de irse se llevó algunos objetos personales de la víctima.

Margarita González Sánchez. Asesinada el 5 de agosto de 1987. La mujer abrió la puerta a ese hombre que buscaba una pensión donde poder alojarse. Una vez abierta la puerta, Vega le agredió sexualmente, le tapó la boca y la nariz. La arrojó al suelo para satisfacer su instinto sexual. La fuerza con la que le tapó la boca hizo que se le desplazara la dentadura a la víctima, ocasionándole así la muerte por asfixia, ya que la dentadura obstruyó las vías respiratorias. Una vez muerta, se la llevó a la cama y la tapó con una manta. Luego robó un par de objetos. 

Josefina López Gutiérrez. Asesinada el 17 de septiembre de 1987. La mujer tenía 86 años de edad. Con la excusa de dejar unas tarjetas ofreciendo sus servicios, el Asesino de Ancianas se coló en casa de la mujer. Se abalanzó sobre ella fracturándole varias costillas, le tapó la mano y la nariz y le provocó la muerte por asfixia. Una vez muerta la trasladó a una cama y la tapó con una manta. Antes de irse, como ya venía siendo costumbre en su ritual, se llevó de la casa unos cuantos objetos.

Manuela González Fernández. Asesinada el 30 de septiembre de 1987. Tenía 81 años de edad. José Antonio Rodríguez se introdujo en la casa de la mujer al repartirle las tarjetas ofreciéndoles sus servicios (como en su última víctima). Una vez dentro de la casa le tapó la boca y la nariz lo que le provocó la muerte por parada cardiaca. Y para terminar, la tumbó en la cama, la tapó con una manta y antes de irse se llevó con él una serie de objetos.

Josefa Martínez Collantes. Asesinada el 7 de octubre de 1987. Tenía 84 años. Había quedado con ella, la mujer pensaba que era un pobre chico que iba buscando una casa para alquilar. Se adentró en su casa y una vez allí, siguiendo como siempre su ritual, le tapó nariz y boca, abusó de ella y después, una vez muerta, la llevó a la cama, la tapó con la manta y se llevó una televisión, un radiocasete, una alianza, etc.

Catalina Julia Fernández Mata. Asesinada el 16 de  diciembre de 1987. La mayor de sus víctimas, con 93 años de edad. Entró en su domicilio, se arrojó sobre ella, le tapó la boca, la nariz hasta provocarle la muerte. La encontraron, como las otras, en la cama tumbada y  tapada con una manta.

Isabel Fernández Vallejo. Asesinada el 31 de diciembre de 1987. Tenía 79 años de edad. La mujer le invitó a pasar, pensando que este venía a hacer una revisión en su piso. Una vez dentro, José Rodríguez empezó su ritual. Le tapó la boca, la nariz y se abalanzó sobre ella para abusarla. Una vez muerta, la tumbó en la cama y la tapó con una manta. Se llevó dos alianzas de oro.

María Landazábal Miguel. Asesinada el 5 de enero de 1988. La mujer tenía 78 años. José Rodríguez consiguió entrar en su piso por las famosas tarjetas de albañil que ya había utilizado en otros asesinatos. María le enseñaba la cocina cuando él se abalanzó sobre ella. Le golpeó la cara, le realizó tocamientos sexuales y, finalmente, le tapó la boca y la nariz hasta que la mujer murió por parada cardiaca. La colocó en la cama, la tapó con una manta, sustrajo objetos personales y se marchó.

Carmen Martínez González. Asesinada el 20 de enero de 1988. Tenía 65 años de edad. Entró en su casa, le tapó la boca y la nariz, le levantó la bata y introdujo un objeto en la vagina de la mujer. Una vez muerta, la llevó a la cama, la tapó con una manta y se llevó una sortija con piedra azul y un lazo con medalla de la Virgen.

Engracia González Arana. Asesinada en febrero de 1988. La víctima tenía 78 años.  Se adentró en su casa con la excusa de normalizar un contrato de mantenimiento. Una vez allí, le tapó la nariz, la boca y la arrastró hacia la cama. Allí abusó de ella, provocándole la muerte por infarto. Se marchó, eso sí, con objetos personales de la víctima. 

María Josefa Quirós Llano. Asesinada el 23 de febrero de 1988. Tenía 82 años cuando Vega decidió terminar con su vida. Con la misma excusa que la anterior, se adentró en su domicilio y la tapó la boca y la nariz hasta provocarle la muerte por parada cardíaca. Siguiendo su ya característico ritual, la tumbó en la cama, la tapó con una manta y finalmente se fue robando un termómetro, un barómetro y un plato de cerámica.

Florinda Fernández Valliciergo. Asesinada con 85 años de edad. Con la misma excusa del contrato de mantenimiento, consiguió ganarse su confianza para entrar en su casa. Allí, le tapó la boca y la nariz y la arrojó al suelo, donde falleció. De repente, escuchó unos ruidos en la escalera, por eso se marchó sin completar su ya tan habitual ritual.  

Sirena Ángeles Soto Margueles. Asesinada en marzo de 1988.  Esta vez consiguió colarse en su casa por una revisión de televisores.  Se arrojó sobre ella, le tapó la boca y la nariz, le realizó tocamientos sexuales y efectuó tanta fuerza sobre su cuerpo que le provocó el hundimiento de la parrilla costal, la cual cosa le provocó de inmediato la muerte. La dejó, como a casi todas las víctimas, tumbada en la cama tapada con una manta. Se llevó esta vez un reloj. 

Julia Paz Fernández.  Asesinada el 19 de abril de 1988. Fue su última víctima y tenía 70 años. Vega había trabajado en su casa como albañil, así que ya gozaba de su confianza para entrar en el piso. Tras una breve conversación, se abalanzó sobre ella, le  tapó la boca, la nariz, le introdujo un objeto en la vagina hasta que Julia falleció por parada cardiaca. Se llevó de su casa varios objetos, entre ellos una agenda, un aparato audífono, dinero, etc. 

Como vemos, son 16 las víctimas de este asesino serial, todas de una edad comprendida entre los 65-95 años. Mañana veremos el motivo por el cual asesinaba a estas mujeres, conoceremos su perfil psicológico.

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