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viernes, 4 de noviembre de 2011

El Sacamantecas fue condenado a muerte

Ya hemos visto que El Sacamantecas asesinó de forma atroz a un mínimo de 6 mujeres, y que sus asesinatos tenían un móvil sexual y que era especialmente bruto y sanguinario. Sabemos que aseguró que actuaba movido por unas voces demoníacas pero que, en realidad, era su enfermizo sexual insatisfecho el que le convirtió en un sádico y un necrófilo.

Cuenta Constancio Bernaldo de Quirós en su libro Figuras Delincuentes que el Sacamantecas fue descubierto cuando una niña que conocía sus rasgos físicos pero que no le había visto nunca, le señaló en una ocasión al grito de “¡Qué cara! ¡Parece el Sacamantecas!”. Con gran sorpresa y gracias a esta casualidad, los policías descubrieron que al poco de someterle a las preguntas de rigor, se derrumbaba y confesaba sus crímenes. Se le juzgó, y finalmente se declaró culpable a Juan Díaz de Garayo de 6 asesinatos, responsable de sus actos y condenado a muerte. Murió ejecutado según la técnica del garrote vil.

La técnica del garrote vil consiste en una antigua tortura evolucionada, y se compone de una silla como la que vemos en la imagen, con un hierro que aguanta la cabeza del sujeto. La acción de unos tornillos le rompe el cuello al reo, que muere de forma instantánea por dislocación de la vértebra axis sobre el atlas de la columna vertebral. La pena de muerte se abolió en nuestro país con la Constitución de 1978, pero debemos recordar que a finales del siglo XIX, cuando actuó el asesino en serie de esta semana, era un tipo de condena más que común.

jueves, 3 de noviembre de 2011

El Sacamantecas de Vitoria, enfermizo deseo sexual

El Sacamantecas de Vitoria, también conocido como El Zurrumbón, fue uno de los primeros asesinos en serie de la historia (incluso antes que Jack el Destripador).

Juan Díaz de Garayo empezó su andadura criminal en la madurez, cuando tenía cerca de 50 años. Hasta este momento, se considera que la bestia de Garay tenía sus necesidades saciadas.

Uno de los rasgos más característicos que presentaba El Sacamantecas de Vitoria  es que él  mismo creía que cometía los crímenes porqué le obligaban los demonios. Ya en su primer crimen podemos ver como después de ejecutarlo sale corriendo porqué se da cuenta de lo que ha hecho y huye pensando que han sido los demonios de su cabeza los que le han obligado a cometer tal crimen. Puede ser que por ese motivo haya tanto espacio de tiempo en la mayoría de sus crímenes (la primera víctima fue asesinada en marzo de 1870, la segunda la primavera de 1871 –casi un año después- y el último crimen fue en septiembre de 1879). Como podemos ver, des de su primer crimen hasta el último pasan aproximadamente unos nueve años.
  
Pero, sin embargo, los especialistas de la época desmintieron que fuera cosa de voces endemoniadas, más bien, apuntaron a que la razón de sus crímenes era saciar su enfermizo instinto sexual. Se dijo que tal vez nunca hubiera cometido esos crímenes de haber tenido este instinto sexual satisfecho. Prueba de ello fue que durante los 13 años que estuvo casado con su primera mujer, nunca perpetró ningún ataque. Después, se casó cuatro veces más y enviudó tres.Durante todos estos matrimonios (a partir de la edad de 50 años) es cuando comenzó a cometer los crímenes.

También su enfermedad sexual explica porqué todas las víctimas eran mujeres. Además, cuatro de las ocho víctimas eran prostitutas. Lo que parece obvio es que El Sacamantecas mataba porqué necesitaba saciar su apetito sexual, un apetito sexual enfermizo.

Otro de los rasgos de El Zurrumbón era su sadismo. Cometía los delitos con especial brutalidad. Una vez las víctimas habían muerto empezaba su ritual de sangre y sexo. Sangre, porqué se ensañaba con los cadáveres de las chicas, llegándoles a apuñalarles el pecho y abriéndoles el vientre. Sexo, porqué abusaba de los cadáveres de las chicas. Una vez muertas, abusaba de ellas. El Sacamantecas era necrófilo. Como ya explicamos en otros post, la necrofilia es una parafilia (patrón de comportamiento sexual en el que la fuente predominada de placer no se encuentra en la cópula, si no en alguna otra cosa o actividad que le acompañe) caracterizada por una atracción sexual hacia los cadáveres. 

Por tanto, podríamos concluir que El Sacamantecas de Vitoria, alias El Zurrumbón, era una persona con un patrón de instinto sexual enfermizo, necrófilo y sádico.  Un ser que mataba para cubrir su necesidad sexual.

Os dejamos con otro fantástico vídeo del programa Cuarto Milenio de Iker Jiménez en Cuatro, dónde se narra muy bien la historia del Sacamantecas y sus rasgos psicológicos. No os perdáis el post de mñana, veremos la resolución del caso y continuaremos con las otras partes del vídeo!


miércoles, 2 de noviembre de 2011

Ocho muertes y dos ataques

El Sacamantecas de Vitoria se cobró la vida de ocho personas. Al menos, ocho fueron las que se pudieron probar, aunque posiblemente, hubo muchas otras. Si había una característica que definiera todas sus víctimas era que todas fueron mujeres.

La primera prostituta. Asesinada el 20 de marzo de 1870. Se adentró en el bosque junto a Juan Díaz de Garayo para ofrecerle sus servicios. Él no estaba dispuesto a pagar, así que la agarró con su enorme fuerza la adentró más en el bosque y allí acabo con su vida estrangulándola. La puso en el suelo y sació su apetito sexual. Luego le desgarró el vientre con un cuchillo de monte.

La segundo prostituta. Asesinada la primavera del 1871. Era más vieja y menos atractiva que la primera prostituta. 

Una niña de 13 años. Asesinada en agosto de 1872. Fue la víctima más joven del Sacamantecas de Vitoria. La asesinó año y media después de su primera víctima.

La tercera prostituta. Asesinada en agosto-septiembre de 1872 (pocos días después de acabar con la vida de la niña de 13 años). Le clavó repetidamente en el pecho una ajuga que llevaba la prostituta en el pelo.

La cuarta prostituta. Asesinada en agosto de 1873 (un año después de su última víctima, aunque se cree que durante este tiempo hubo diversos intentos frustrados).

Una mendiga. Asesinada en 1874. No se posee más información acerca de ella.

 Primera anciana. Atacada en noviembre de 1878. Una mujer mayor que consiguió salir con vida al ataque de El Sacamantecas.

Segunda anciana. Atacada en agosto de 1879. Otra mujer mayor que consiguió salvar su vida.

Primera campesina. Asesinada en septiembre de 1879. Esta campesina, de complexión fuerte y alta se defendió con desesperación, pero finalmente murió por un puñal que le clavó en el pecho. Una vez muerta, abusó de ella, la acuchilló y le dejó el vientre abierto. 

Segunda campesina. Asesinada en septiembre de 1879, dos días después de la primera campesina. Fue estrangulada y una vez muerta abusó de ella, la mutiló y le desgarró el vientre.

martes, 1 de noviembre de 2011

Así mataba El Sacamantecas de Vitoria


Juan Díaz de Garayo tenía un modus operandi muy claro: primero, esperaba escondido en el bosque a que apareciera una mujer cualquiera (aunque se decantaba más por prostitutas). Después, haciendo uso de su fuerza brutal y en contra de su voluntad, las llevaba en medio del bosque donde las estrangulaba hasta asegurarse de que estaban muertas. Para acabar, saciaba su apetito sexual manteniendo relaciones con el cadáver, nunca con la chica viva, abría en canal el cuerpo y lo vaciaba, convirtiendo la escena en un festival de sangre y masacre con el que se ganó el apodo de Sacamantecas.

Con este mismo modus operandi llegó a matar a 6 mujeres, la primera en 1870 y la última en 1879, como vemos con muchos años de diferencia. Cuanto más se defendía la víctima más se ensañaba con ella, más puñaladas asestaba y más empleaba su fuerza bruta. Después, huía a toda prisa. El sadismo de sus crímenes aumentó con el paso del tiempo, aunque él aseguraba que cometía los crímenes obligado por unos demonios que le hacían hacer todo eso, como veremos el jueves en su perfil psicológico.

lunes, 31 de octubre de 2011

El Sacamantecas de Vitoria

Nombre
Juan Díaz de Garayo
Alias
El Sacamantecas de Vitoria, Zurrumbón
Fecha del crimen
1870-1879
Lugar del crimen
Vitoria
Singularidad
Su frente recordaba a la de un neanderthal.

La prostituta había entrado en su juego al verlo en el bosque. Era una chica joven, demacrada por la corriente de su vida aunque con un pequeño destello de luz en los ojos. Tal vez fue eso que lo descolocó. Esa belleza tan impura le atraía. Sin embargo, no estaba dispuesto a pagar por ello. La muchacha detuvo la partida de inmediato, no hay trato sin recompensa. Se dirigió hacia al camino de vuelta, esta vez sin contoneo.

Sin dudar el hombre la cogió y la arrastró con fuerza hacia el interior del bosque, donde los gritos quedaban sofocados. Cerró sus manos en torno al cuello de su víctima y esperó al último aliento. Todo pasaba en segundos pero parecía que el tiempo se relentecía mientras observaba el pánico de la muchacha.

La depositó en suelo, le arrancó su ropa provocadora y sació el apetito que le había sido privado hacía unos momentos. Mientras procedía en su enfermizo desenfreno, le desgarró el vientre a la prostituta con un cuchillo que guardaba en el bolsillo del pantalón.

Al verse acorralado por el acusador remordimiento se alzó y corrió sin dirección alguna, evadiendo cualquier explicación de lo que había hecho. Las ramas de los árboles lo camuflaban entre las sombras. Finalmente, ya sentado en el bosque intentaba asumir lo sucedido mientras daba rienda suelta a su jadeo apresurado. No lo podía creer. Todo aquello debía ser cosa del demonio. Un demonio que reapareció al cabo de doce meses con seis mujeres más. La respiración retumbaba y retumbaba por todo su cuerpo.

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