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viernes, 14 de octubre de 2011

El fin de la pesadilla de El Arropiero

El Arropiero fue detenido el 18 de enero de 1971 en El Puerto de Santa María, Cádiz. Una vez detenido, se le consideró el peor asesino de la historia criminal española.  Aunque fue culpado de muchos crímenes, no hubo sentencia. Nunca fue juzgado: al detectarle una grave enfermedad mental, se le declaró falto de responsabilidad penal y la Audiencia Nacional ordenó en 1978 su internamiento en un psiquiátrico.

Manuel Delgado Villegas estuvo mucho tiempo recluido en Carabanchel y después fue trasladado al centro penitenciario de Fontcalent, Alicante. Fue tratado de esquizofrenia, enfermedad que se completaba con un cuadro megalomaníaco, desorientación espacio-temporal y tendencia al autismo.

Debido a sus confesiones tremendamente frías y detalladas de todos sus asesinatos, El Arropiero no dejó indiferente a ningún policía que se cruzara en su camino. Ni si quiera a su abogado. El Arropiero sembró el pánico en este país durante 7 años, pero por suerte, un 18 de enero, la pesadilla acababa para los ciudadanos y familiares de las víctimas. Unos años más tarde, en 1998, Manuel Delgado Villegas moría en el centro penitenciario de una enfermedad pulmonar probablemente causada por el tabaco.


jueves, 13 de octubre de 2011

El Arropiero y su perfil psicológico

El Arropiero presentaba un perfil psicótico. La psicosis es un trastorno mental, de origen emocional u orgánico, en el que se produce un deterioro en la capacidad de pensar, responder emocionalmente, recordar, comunicar e interpretar la realidad. 

Según las investigaciones que se llevaron a cabo, Manuel Delgado poseía el cromosoma de la criminalidad, el XYY. Aunque no es acertado llamar a este  cromosoma el cromosoma de la criminalidad, puesto que no se ha probado que todas las personas que tengan este cromosoma sean criminales, sí que hay muchos asesinos en la historia que contienen este cromosoma, es por ello que fue nombrado el cromosoma de la criminalidad. El Arropiero fue uno de ellos. 

Además, El Arropiero también presentaba tendencias necrófilas y homosexuales. La necrofilia es una parafilia (patrón de comportamiento sexual en la que el placer no es encuentra en la cópula, sino en alguna otra cosa o actividad que le acompañe) caracterizada por una atracción sexual hacia los cadáveres. De hecho, como hemos visto en el post de ayer, Manuel practicó la necrofilia con su quinta víctima, que abusó de ella una vez muerta hasta que los agentes encontraron el cadáver.

Por lo tanto, Manuel Delgado Villegas, El Arropiero, era psicótico y presentaba tendencias homosexuales y necrófilas. Además, poseía el cromosoma de la criminalidad. En sus asesinatos utilizaba la fuerza y la violencia (el golpe militar). Tenía siempre el dominio de la víctima, hasta provocarle la muerte. Solo dejó malherido a una de sus víctimas, Ramón Estrada, aunque falleció posteriormente en el hospital.

Como veremos en el post de mañana, Delgado fue ingresado en un psiquiátrico, donde fue tratado de esquizofrenia, una enfermedad que se completaba con un cuadro de megalomaníaco, desorientación espacio-temporal y tendencia al autismo.


miércoles, 12 de octubre de 2011

Las víctimas del Arropiero


Manuel Delgado Villegas, más conocido como El Arropiero,  considerado el mayor asesino en serie de la historia de España, confesó haber matado a 48 personas, aunque la policía redujo la cifra a 22. Se encontraron cuerpos de las víctimas esparcidos en diferentes puntos de España, aunque Delgado confesó a la policía ser el autor de otros muchos  crímenes que se habían cometido fuera de España. Su abogado defensor siempre pensó que El Arropiero fue “el más grande asesino de la historia”. 


Las víctimas de El Arropiero fueron:
Adolfo Folch Muntaner , 49 años. Asesinado el 21 de enero del 1964, en la playa de Llorach, en Garraf (Barcelona). De profesión, cocinero. Le destrozó el cráneo con una piedra y luego le quitó el reloj y la cartera.

Margaret Helene Boudrie, 21 años. Asesinada el 20 de junio de 1967, en Ibiza. Estudiante de nacionalidad francesa. Primero la mató y después abusó de su cadáver.

Venancio Hernández Carrasco, no conocemos el día exacto del asesinato, aunque sí el sitio, en Chinchón, a orillas del río Tajuña (Madrid). Había salido a trabajar a un viñedo de su propiedad. Una recomendación poco acertada de Venancio a Manuel “si quieres comer, trabaja, que eres joven y fuerte”, le costó la vida. El Arropiero le dio un golpe legionario (el revés del canto de la mano en el cuello) y luego fue arrojado al río.

Ramón Estrada Saldrich. Asesinado el 5 de abril de 1969, en Barcelona. Era propietario de un almacén. Recibió el golpe legionario y después fue estrangulado, aunque no murió en el instante, quedó inconsciente y malherido. Murió más tarde en el hospital. El Arropiero también le robó la cartera, el reloj y las sortijas.

Anastasia Borrella Moreno, 68 años. Asesinada el 23 de noviembre de 1969, en Mataró (Barcelona). Fue hallada debajo de un túnel. El asesino la golpeó con un ladrillo en su casa, luego la arrojó por un puente y abuso de su cadáver. El acto de necrofilia se repitió todas las noches hasta que encontraron el cadáver.

Francisco Marín Ramírez. Asesinado el 3 de diciembre de 1970. Estudiante cordobés. Primero le dio un golpe mientras iban en moto que le dejó apenas sin respiración, porqué supuestamente, se le insinuó. Fueron al río y una vez allí, lo tiró al agua, porqué supuestamente, se le volvió a insinuar.
 
Antonia Rodríguez Relinque, 38 años. Novia de Manuel Delgado, El Arropiero. Estaban teniendo relaciones sexuales en el campo mientras acabó con su vida estrangulándola con sus propios leotardos. Es la última víctima probada del asesino en serie, aunque, como hemos dicho anteriormente, él confesó haber matado hasta 48 personas, dentro del territorio español y en el extranjero.

martes, 11 de octubre de 2011

Modus operandi de El Arropiero

Manuel Delgado Villegas confesó 48 asesinatos, aunque sólo se pudieron probar 7. La mayoría de veces, para matar a sus víctimas, utilizaba el golpe mortal en el cuello, un truco que aprendió en la Legión española. En algunas ocasiones, Villegas abusaba sexualmente de los cadáveres de las víctimas.

Asesinó a personas de todas las edades, sin un orden determinado, lo que hizo pensar que no elegía cuidadosamente a sus víctimas, si no que asesinaba a aquella persona que le contestara mal, a quien tuviera algo que robar, a quien quería violar e incluso a su novia.

Algunas de sus víctimas murieron en el hospital. Eso significa que no se cercioraba de que estuvieran muertas antes de abandonar el lugar del crimen. Además, dejó pistas que permitieron a la policía probar 7 de sus muchos asesinatos. Era impulsivo y actuaba por instinto. A parte del golpe mortal en el cuello, llegó a matar a golpe de ladrillo, estrangulando a la víctima, ahogándola, con una piedra… No se establece por tanto, en Manuel Delgado Villegas, El Arropiero, un patrón operativo determinado.

lunes, 10 de octubre de 2011

El Arropiero, el peor asesino de la historia criminal

Nombre
Manuel Delgado Villegas
Alias
El Arropiero  también llamado El estrangulador del puerto
Fecha del crimen
Entre 1964 y 1971
Lugar del crimen
Distintos puntos de España y algunos de fuera del país
Singularidad
Está considerado el peor asesino de la historia criminal



AFM era cocinero de un pequeño restaurante de Barcelona, el esfuerzo diario entre fogones daba su fruto, pero debía seguir trabajando duro para asegurar la prosperidad del negocio. El mes de enero de 1964 era especialmente frío y sus labios sufrían esa helada temperatura.


Una mañana decidió  salir de la ciudad y acercarse a la playa de Llorac, en el Garraf. Necesitaba un par de saquitos de arena para la cocina ya que durante las fiestas navideñas había sido imposible por el ajetreo de la época. La playa estaba desierta, únicamente se oía el vaivén de las olas.


Tras llenar los dos saquitos de arena respiró hondo y decidió disfrutar la paz del momento. Hacía tanto tiempo que no se sentía tan tranquilo, hacía tanto tiempo que no sentía en su rostro el calor del sol de mediodía. Decidió aprovechar esa sensación y se tendió en el suelo con la espalda apoyada en el muro que limitaba la playa del paseo. Mientras los cálidos rayos doraban su piel cerró los ojos para no volverlos a abrir.

Acompañado por una sombra tosca y con una enorme piedra, el asesino golpeó la cabeza del cocinero y le destrozó el cráneo por completo. Cuando lo vio muerto, sin ningún tipo de escrúpulo ni de remordimiento le robó la cartera del bolsillo y el reloj de su muñeca.

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