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viernes, 28 de octubre de 2011

El final y la leyenda de El hombre Lobo Gallego



El error  del hombre lobo Gallego fue vender la ropa de sus victimas. Un día, dos hermanos, vieron a una mujer que llevaba una camisa idéntica a la de su hermana despareciada. Entonces, preguntaron a la mujer sobre la ropa y ella dijo  que se las había vendido el tendero. Al poco, los dos hermanos vieron a más personas con objetos de su hermana, entonces avisaron a la Guardia Civil. Cuando Manuel se enteró, desapareció. 
Finalmente, fue detenido el 2 de julio de 1853 en Nombela (Toledo), al ser reconocido por unos jornaleros gallegos. En abril, el Hombre logo gallego fue condenado a muerte. Su abogado intentó convencer al tribunal de que su defendido era un psicótico, todo producto de una mala educación y que no podía haber cometido ningún crimen.
Sin embargo, cuando Manuel Blancó declaró, dijo: “Yo llegue a mantener la forma de lobo hasta ocho días seguidos, aunque normalmente no pasaba de dos o cuatro días. Antonio, sin embargo, llegó a mantenerla diez días y don Genaro hasta quince, aunque lo normal eran cuatro o cinco días. Con ellos maté y comí a varias personas pero a algunos como Josefa y Benita, y sus hijos, lo hice solo”. Por supuesto, a día de hoy, no se sabe nada de tales cómplices
Un año después, se conmutó la condena a cadena perpetua. Ingresó en la cárcel de Allariz en 1854 y, según afirman algunos criminólogos, murió en la prisión de Orense, tras años de ser encarcelado.
Hasta aquí sería la versión oficial, sin embargo, ciertos investigadores, amantes del mundo esotérico, reconocen ignorar que pasó con el asesino. De hecho, no consta cómo murió y no se ha conocido ninguna tumba con su nombre. Cuenta la leyenda que, adoptando la forma de lobo, Manuel Blanco huyó hacia los bosques, donde todavía se le oye aullar las noches de luna llena.

jueves, 27 de octubre de 2011

La psicología del único hombre lobo de España

Manuel Blanco Romasanta es el único criminal que ha sido reconocido por la justicia española como “hombre lobo”. El perfil psicológico que presentaba era el de Lobishome, es decir, se pensaba que era un hombre convertido en lobo y se comportaba como tal. Bien sea por una fada o una maldición, el hombre lobo gallego  dijo que actuaba impulsado por una fuerza irresistible que le hacía convertirse en lobo y atacar a sus víctimas para devorarlas. De hecho, en los lugares donde confesó que había cometido los crímenes, se encontraron diferentes restos humanos. El término culto de este trastorno se conoce como licantropía.  En esa época la licantropía era considerada como una posesión diabólica de modo que se castigaba el pecado de bestialismo.

El hombre lobo gallego confesó a la policía que supuestamente había cometido los asesinatos juntamente con dos personas más, también hombres lobos. Según Manuel, eran Antonio y Don Genaro, naturales de Valencia. Decía que  Antonio se transformaba en hombre lobo durante más de dos semanas y Don Genaro tan solo dos días, pero era el más sanguinario e insaciable. Nada de esto se demostró, así que quizá solo estaban en su imaginación.

Aunque el principal rasgo psicológico de este asesino en serie es que se consideraba un hombre lobo, podemos ver otros rasgos de su perfil en la forma que cometía los crímenes. Se puede deducir que era una hombre calculador, ya que planificaba muy bien todos sus crímenes, cada acción estaba mesurada, esperaba el momento oportuno en los bosques para iniciar sus ataques que terminaban con la vida de las víctimas.

La otra característica que podemos deducir de sus crímenes es que era un hombre inteligente, o al menos eso parece, ya que se encargaba el mismo de falsificar y llevar cartas de las personas que había matado a sus familiares, para que no sospecharan nada de nada. Incluso en una ocasión, adoptó un nombre falso para escapar de las personas que lo estaban persiguiendo.

Además, Manuel Blanco era huérfano de padre, la cual cosa hizo  que su infancia estuviera plagada de carencias. Unas carencias que le marcaron su vida.

El Hombre lobo gallego tenía un perfil psicológico muy determinado y poco usual, pero sumamente interesante.  

miércoles, 26 de octubre de 2011

Las víctimas de El Hombre Lobo

Manuela García Blanco y su hija Petra. 1846. Naturales de Rebordechao. Confiaron en que Manuel Blanco las llevaría hacia la montaña de Santander y allí encontrarían trabajo. Nunca más se supo de ellas, aunque Manuel aseguraba que las había dejado muy bien colocadas en casa de un religioso.
Rebordechao, Villar del Barrio. Pueblo del que salían las víctimas
Benita García Blanco y su hijo Francisco. 1850. Hermana y sobrino de la primera víctima.
José Pazos García (sobrino de las hermanas García Blanco), su mujer Antonia Rúa y su hija, Peregrina. 1850. Todos familiares que querían correr la misma suerte que sus tías y primos que habían emigrado y, según Manuel, disfrutaban de una vida envidiable.
Josefa, y después María Dolores (hija de Antonia Rúa). 1850. María Dolores tenía 11 años y El Hombre Lobo aseguraba que la quería como a una hija.
Como ya dijimos ayer, nunca se encontraron sus cuerpos, y por tanto no se sabe a ciencia cierta cómo murieron. Los cierto es que Manuel Blanco Romasanta confesó, una vez detenido, éstos crímenes, y se le atribuyen más sin identificar. Fue precisamente la familia de todas estas personas quien comenzó a deducir que algo raro estaba pasando.

martes, 25 de octubre de 2011

Los crímenes licántropos de Manuel Blanco

Manuel Blanco Romasanta, el Hombre Lobo Gallego también conocido como El Tendero, planificaba sus acciones con antelación, se tomaba su tiempo. Esperaba el momento oportuno escondido en el bosque y asesinaba a sus víctimas; después, escondía sus cuerpos para no ser descubierto, les robaba los objetos personales y dinero y los vendía.

Si temía que los familiares de las víctimas buscaran con demasiado interés, les mandaba cartas en nombre del fallecid@ en las que decía que estaba bien y que muchas gracias por la preocupación y ayuda. Como Manuel Blanco conocía bien los caminos de la Galicia de 1846, se ofrecía a transportar a personas, en su mayoría chicas, hacia un lugar donde encontrarían mejores perspectivas de futuro (como las montañas de Santander). Ésas personas nunca llegaban a su destino, y nunca más se sabía de ellas; pero él, de vuelta en el pueblo, le contaba a todo el mundo lo bien que les iba. Así conseguía que más personas se animaran a ir.

Nunca se encontraron los cuerpos de las víctimas, motivo por el cual no se sabe a ciencia cierta cómo las mató. Él, una vez detenido, confesó 8 de sus crímenes, pero se cree que podrían ascender a más de 13, y declaró que obraba impulsado por una fuerza irresistible que le hacía convertirse en hombre lobo y atacar a sus víctimas para devorarlas. Afirmó también que no obraba solo, que había otros hombres lobo que le ayudaban, como Antonio y Don Genaro. Siempre existirá la leyenda alrededor de la licantropía de Manuel Blanco, pero lo cierto es que, en los lugares en los que confesó haber actuado, se encontraron restos humanos…


lunes, 24 de octubre de 2011

El Hombre lobo Gallego


 
 Nombre
Manuel Blanco Romasanta
Alias
 El tendero, El hombre lobo gallego
Fecha del crimen
A partir de 1846
Lugar del crimen
Orense
Singularidad
Único asesino reconocido por la justicia española como hombre lobo




Manuela se despedía de sus hermanas mientras disimulaba las lágrimas que recorrían sus mejillas, sabía que las echaría mucho de menos. Ya había tomado una decisión y no había vuelta atrás. Desde que se había separado de su marido la vida en Rebordechao (Orense) era muy mísera y precaria. Hasta entonces había ahorrado un poco sirviendo en casa de Dª Brígida Aguiar y D. Luis García, pero no lo suficiente. Tenía una hija que echar hacia adelante y necesitaba mantenerla en mejores condiciones. Tras vender todos sus bienes decidió marcharse a Santander para encontrar una buena casa donde servir.
Manuel, el tendero ambulante, conocía los caminos del país como si se tratara de su propia casa. Así que se ofreció para guiar a Manuela y a su hija hasta Santander y, además, prometió conseguirles un buen trabajo.
Al cabo de unas semanas, el tendero volvió al pueblo y explicó a los familiares de Manuela que ella y su hija habían encontrado una casa religiosa donde poder trabajar y alojarse en perfectas condiciones. A pesar de la rareza del asunto, las hermanas de Manuela se alegraron y no fue hasta meses más tarde cuando empezaron a encontrar extraño que su hermana no hubiera escrito ni una carta explicando dónde y cómo estaba.
Durante esos meses muchas de las mujeres del pueblo, celosas de la buena fortuna de su vecina, decidieron confiar su porvenir al tendero, dada su eficacia con Manuela. De esta manera, Benita partiría hacia casa de un supuesto cura al cabo de unas semanas, así como Josefa o Antonia, muchas de ellas acompañadas por sus hijos.
Fueron pasando los meses y la inquietud empezó a imperar entre los habitantes de Rebordechao ya que ninguna de las mujeres que habían partido se ponían en contacto con sus familiares, únicamente mediante ambiguos mensajes que el tendero les explicaba. Empezaron los rumores en torno a la sospecha de que algo terrible podía haber ocurrido a las mujeres y niños que viajaban con “el tendero”.  Efectivamente nunca más se los volvió a ver. ¿Qué había hecho el tendero con ellos?

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