
jueves, enero 12, 2012

La Huella del crimen
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El rasgo principal de este psicokiller es que era un psicópata sexual. Los asesinos sexuales se caracterizan por el hecho que muchas veces se sienten desesperados, ya que en su círculo íntimo se les acusa de no poder llegar a tener relaciones sexuales, es decir, de ser impotentes. El psicópata sexual suele seguir un ritual a la hora de matar que se basa en que cuando asesina a una persona, siente una erección y posteriormente eyacula. El hecho de ver sangre de su víctima activa esta sensación de placer sexual. También es un rasgo de los asesinos sexuales el hecho que muchas veces ni siquiera consigan penetrar a sus víctimas, alcanzan el orgasmo masturbándose delante de sus cuerpos ya sin vida. Además, el psicópata sexual refuerza sus convicciones mutilando y comiendo a su víctima. ¿Qué obtiene con esto el asesino sexual? El psicópata sexual siente la necesidad de matar, el asesinato es para ellos un motivo de liberación y apaciguamiento, pero pronto vuelve esa necesidad de matar y empieza de nuevo el ritual.
Otra característica muy común que hemos visto en los psicópatas, lo veíamos en el caso de La doncella de la Muerte, es que la infancia que ha vivido esa persona le marca su personalidad. Andrei Chikatilo era uno de estos casos, ya que su infancia estuvo marcada por la pérdida de su hermano y por la depresión de su padre. Además, en el colegio también tuvo graves problemas, ya que tenía miedo que sus compañeros se burlaran de él y este hecho le obsesionaba. También en su infancia tuvo problemas que decidió ocultar, como por ejemplo que se meaba en la cama hasta los 12 años o que tenía una miopía muy grave y que no confesó hasta los 30 años, ya en plena madurez.
Otra característica de La Bestia de Rostov es que no era demasiado inteligente. Durante su etapa en el servicio militar, Andrei tuvo problemas con sus compañeros, ya que le acusaban de no poder llegar a intimar sexualmente con ninguna chica y además le decían que su retraso mental iba acorde con su retraso sexual.
Y ya para terminar el perfil psicológico de Chikatilo, vemos otro rasgo muy característico de un psicokiller y es que mientras asesinaba a todas sus víctimas, Andrei mantenía las apariencias, ya que para su comunidad era un ciudadano ejemplar, un buen marido y un buen padre. Una característica que también vimos en otros asesinos seriales como es el caso de Dennis Rader.

miércoles, enero 11, 2012

La Huella del crimen
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Andrei Chikatilo, más conocido como La bestia de Rostov, confesó 35 asesinatos, la mayoría fueron niños y adolescentes. Elegía sus víctimas y después las convencía para que le acompañaran al bosque, una vez allí los apuñalaba hasta 30 o 40 veces. Acostumbraban a ser chicos o chicas que habían escapado de su casa, que tenían una enfermedad mental o que eran rebeldes. De esta manera le resultaba más fácil conseguir su confianza.
Es posible que los dos primeros asesinatos fueran fortuitos, de hecho, se cree que inicialmente sus intenciones únicamente eran de carácter sexual. Pero fue a partir de los gritos de terror y ver la sangre correr que consiguió saciar su impotencia y obtener un placer inigualable.
La primera fue una niña de nueve años. La desnudó violentamente y, a la vista de tanta sangre, se excitó desmesuradamente. Al cabo de tres años volvió actuar, al verse rechazado por una muchacha de 17 años. A partir de ese asesinato empezó a atacar con más frecuencia y anhelar más y más placer.
Sus acciones eran brutales, sádicas e, incluso, con prácticas caníbales.

martes, enero 10, 2012

La Huella del crimen
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El asesino de esta semana tenía unos gravísimos problemas psicológicos -como veremos el jueves- que marcaron sin duda su modus operandi. Su primera víctima fue una niña de 9 años: la desnudó violentamente y, a la vista de su sangre, se sintió excepcionalmente excitado. La acuchilló repetidas veces, ya que descubrió que era una buena forma de lograr el orgasmo, que con relaciones normales no conseguía –era impotente-.
De esta forma, Andrei Chikatilo vio que la única manera de superar su frustración sexual y obtener placer consistía en maltratar los genitales de sus víctimas, que en su mayoría fueron niños y adolescentes. Después de la primera niña, tardó 3 años en volver a matar. Intentó tener relaciones sexuales con una muchacha de 17 años, pero no pudo conseguir una erección; perdió el control, la estranguló, mordisqueó su garganta, le cortó los senos y se comió los pezones. A su tercera víctima la acuchilló 40 veces y le sacó los ojos. A partir de ese momento, la firma de La Bestia de Rostov sería hacer siempre eso. El mismo año, 1981, acabó con tres personas más, entre las que se encuentra su primera víctima masculina, un chico de 9 años. Comenzó a asesinar cada vez con más frecuencia, la sangre y la muerte le proporcionaban placer y paz. Lograba una sensación de poder que le hacía olvidar su impotencia.
Elegía a sus víctimas y las convencía para que le acompañaran al bosque. Una vez allí, las apuñalaba y sistemáticamente, les sacaba los ojos. A algunas, les arrancaba la lengua a mordiscos para que no gritasen. A las más adolescentes les seccionaba los pechos y los pezones, a veces con un cuchillo y otras son sus propios dientes. Les extirpaba el útero con gran precisión y lo masticaba. A los niños les mutilaba a mordiscos, les cortaba los genitales y guardaba los testículos a modo de trofeo. Y así hasta cometer un mínimo de… 53 asesinatos. Uno de los pocos asesinos comparables a Jack El Destripador –de hecho en inglés se le llama Rostov’s Ripper, parecido a Jack The Ripper.

lunes, enero 09, 2012

La Huella del crimen
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Nombre | Andrei Chikatilo |
Alias | La Bestia de Rostov |
Fecha del crimen | 1987-1990 |
Lugar del crimen | Rusia |
Singularidad | Era impotente, cosa que le torturaba inmesamente. Pensaba que era un inmerecido castigo de Dios. |
Era diciembre, hacía mucho frío, casi no sentía los labios. Tapado con un abrigo de plumas y una bufanda de lana, salía del colegio de donde trabajaba, cabizbajo como todos los días.
Su vida era mediocre, y encima, tenía que soportar las burlas de sus alumnos, esos “niñatos” que le apodaban "el ganso" por sus largos hombros encorvados y su cuello alargado. Hacía años que había perdido las fuerzas para conseguir respeto en las aulas su motivación por la educación, ya ni la recordaba. Se había dado cuenta que esos muchachos no aprenderían nada, cuando cumplieran la edad se irían del colegio sin más y crecerían como macarras aprovechándose de los demás.
La niebla de las calles reforzaba sus pensamientos grises, cuando apareció por la lejanía la figura de una pequeña niña que merodeaba por la zona. Debería tener unos nueve años, llevaba un abrigo rojo con capucha grande. Al verla, sintió un escalofrío, no provocado precisamente por el frío hibernal.
Se acercó a ella y empezó a charlar con esas dotes pedagógicas, que apenas utilizaba en sus aulas, pero que hacía años que dominaba a la perfección, además tenía dos hijos con los que mantenía muy buena relación.
La convenció para llevarla a una cabaña perdida en el bosque mientras le contaba un cuento entrañable… ¿qué pasó en esa cabaña?

lunes, enero 02, 2012

La Huella del crimen
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Hoy os ofrecemos otra entrega de nuestro amigo y colaborador David González Caballero, quién ha querido compartir con todos nosotr@s otra de sus fantásticas historias. Si os perdisteis la primera que nos ofreció, la podéis leer de nuevo aquí (primera parte y segunda parte). ¡Muchas gracias David!
Mis amigas de este blog han escrito sobre asesinos tan famosos como Jack el Destripador o el Vampiro de Düsseldorf, demenciales mentes criminales que dieron muerte a más de media docena de seres humanos. ¿Pero qué son media docena de muertes cuando en las brumas de la historia criminal se ocultan personajes como la Condesa Isabel Báthory, una mujer que fue capaz de acabar con la vida de al menos 600 mujeres y niñas?

Durante dos entregas voy a hablarles de la fuente de inspiración (junto con el Conde Vlad Drakul) de William H. Polidori y Bram Stoker a la hora de escribir sus historias vampíricas, la denominada “Condesa Sangrienta” Erzsébet (“Isabel” en húngaro) Báthory, conocida por sus literales baños con sangre de doncellas y por salir en el Libro Guiness de los Récords la mujer que más ha asesinado en la historia de la humanidad con 630 muertes. Hay muchos mitos y leyendas que rodean a tan oscuro personaje pero intentaré no caer en ellas para relatar un ya de por sí horripilante relato.
Nacida en el seno de la aristocrática familia Báthory en el año 1560, esta condesa estaba emparentada con el Rey de Polonia o el Gran Príncipe de Transilvania, lo que le valía una importante fama dentro de las clases nobiliarias de la Europa del Este. Casada con el Conde de Nádasdy, su vida fue aburrida e intranscendente dentro de las paredes de su castillo… hasta el año 1604, cuando se quedó viuda. La muerte de su amado marido y su obsesión por mantener una belleza juvenil indefinidamente (recuerdo que cuando murió el Conde ella tenía 44 años) le hicieron tomar una senda por la que sería recordada para siempre en los anales de la historia criminal.
Después de probar todo tipo de ungüentos milagrosos y “pociones mágicas” para detener el inexorable paso del tiempo que marchitaba su cuerpo, alguien (en algunos sitios dicen que fue su nodriza) le aconsejó que probara la Hematomancia, la magia roja, la magia de la sangre. Lo que sí se sabe verdaderamente es que a partir de 1604 se rodeó de todo tipo de personajes oscuros: brujas, hechiceras, nigromantes… Todo ello con un propósito: conseguir la juventud eterna.
Pero para ello tenía un último obstáculo, pues había un ingrediente que no se podía comprar con el dinero que había en sus riquísimas arcas: necesitaba sacrificios humanos.
Un día, una de sus doncellas le dio un tirón de pelos al peinarla. Airada, Isabel le dio un bofetón que le rompió la nariz a la pobre muchacha. Pero cuando la sangre salpicó la piel de Erzsébet, a ésta le pareció que allá donde había caído desaparecían las arrugas y su piel recuperaba la lozanía juvenil. La condesa, fascinada, pensó que había encontrado la solución a la vejez mediante el uso de la mencionada hematomancia. Con la ayuda de sus sirvientes más acérrimos, desnudaron a la pobre doncella, la degollaron y con la sangre que brotaba de la herida llenaron una bañera del castillo para que la Condesa pudiese llevar a cabo tan macabro ritual. Erzsébet se bañó en la sangre con el propósito de recuperar la belleza de antaño. Algunos dicen que incluso se la bebió.
No se sabe qué resultados le dio aquel baño ni si recuperó su lozanía pero lo que se sabe seguro es que no fue la última vez.
Continuará…

domingo, enero 01, 2012

La Huella del crimen
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... porque un año que empieza con criminología, tiene que ser un buen año. ¿Verdad?
¡Para nosotras lo será si contamos con todos vosotros!

sábado, diciembre 24, 2011

La Huella del crimen
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viernes, diciembre 23, 2011

La Huella del crimen
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Después de matar a 16 ancianas en un año (1988), un tribunal de Santander determinó que José Antonio Rodríguez Vega, por aquel entonces ya conocido como El Asesino de ancianas era culpable de violación, homicidio, robo… Citando la propia sentencia: “Debemos condenar y condenamos a José Antonio Rodríguez Vega como autor criminalmente responsable de 16 delitos de asesinato a la pena, por cada uno, de 26 años, 8 meses y un día de reclusión mayor”. Además, se añadieron condenas por delitos de abusos deshonestos y hurto. También se le obligó a indemnizar a los herederos de sus víctimas con una media de ocho millones de pesetas.
Ya había sido condenado previamente (el 20 de diciembre de 1979) por violación, tras ser descubierto como El violador de la Vespa. Una vez se le concedió la libertad condicional, se dedicó a captar la simpatía de mujeres ancianas de entre 60 y 90 años que vivían solas y a hacer todo lo que hemos visto, y después como ya sabemos, se llevaba objetos como trofeo. Se le capturó el 19 de agosto de 1988 y estuvo en prisión hasta el 25 de octubre de 2002. Vega se encontraba cumpliendo condena en la cárcel de Topas, en Salamanca. Ese día fue apuñalado por dos reclusos del centro, al parecer por incumplir dos "leyes" de los presos, ser un violador y trabajar de chivato para los funcionarios de prisiones. Fue enterrado en una fosa común al día siguiente, y sólo acudieron al entierro… los dos enterradores.
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| Versión digital del artículo de El País, de 1988, sobre la detención de El Asesino de ancianas |