miércoles, 2 de noviembre de 2011

Ocho muertes y dos ataques

El Sacamantecas de Vitoria se cobró la vida de ocho personas. Al menos, ocho fueron las que se pudieron probar, aunque posiblemente, hubo muchas otras. Si había una característica que definiera todas sus víctimas era que todas fueron mujeres.

La primera prostituta. Asesinada el 20 de marzo de 1870. Se adentró en el bosque junto a Juan Díaz de Garayo para ofrecerle sus servicios. Él no estaba dispuesto a pagar, así que la agarró con su enorme fuerza la adentró más en el bosque y allí acabo con su vida estrangulándola. La puso en el suelo y sació su apetito sexual. Luego le desgarró el vientre con un cuchillo de monte.

La segundo prostituta. Asesinada la primavera del 1871. Era más vieja y menos atractiva que la primera prostituta. 

Una niña de 13 años. Asesinada en agosto de 1872. Fue la víctima más joven del Sacamantecas de Vitoria. La asesinó año y media después de su primera víctima.

La tercera prostituta. Asesinada en agosto-septiembre de 1872 (pocos días después de acabar con la vida de la niña de 13 años). Le clavó repetidamente en el pecho una ajuga que llevaba la prostituta en el pelo.

La cuarta prostituta. Asesinada en agosto de 1873 (un año después de su última víctima, aunque se cree que durante este tiempo hubo diversos intentos frustrados).

Una mendiga. Asesinada en 1874. No se posee más información acerca de ella.

 Primera anciana. Atacada en noviembre de 1878. Una mujer mayor que consiguió salir con vida al ataque de El Sacamantecas.

Segunda anciana. Atacada en agosto de 1879. Otra mujer mayor que consiguió salvar su vida.

Primera campesina. Asesinada en septiembre de 1879. Esta campesina, de complexión fuerte y alta se defendió con desesperación, pero finalmente murió por un puñal que le clavó en el pecho. Una vez muerta, abusó de ella, la acuchilló y le dejó el vientre abierto. 

Segunda campesina. Asesinada en septiembre de 1879, dos días después de la primera campesina. Fue estrangulada y una vez muerta abusó de ella, la mutiló y le desgarró el vientre.

martes, 1 de noviembre de 2011

Especial Halloween I: El caso de Margarita de Lihory

Aprovechando que es Halloween, David González Caballero nos pidió colaborar en el blog con una terrorífica historia sobre el caso de Margarita de Lihory. Esta es la primera parte:

Siendo Halloween mi mente se vio obligada a escribir algo para honrar la noche de las brujas así que empecé a buscar en mis archivos de la biblioteca familiar y encontré un caso lo suficientemente interesante como para salir en Cuarto Milenio o, incluso, en “la Huella del crimen”, blog interesantísimo (aunque un poco macabro) en el cual trabaja una amiga mía. Al final me decidí por la segunda opción y aquí está. Os voy a hablar del caso de “la mano cortada”, todo un fenómeno en los años 50.

La marquesa de Villasante, Doña Margarita Ruíz de Lihory, aristócrata bella y educada en las mejores escuelas europeas, se convirtió en una espía del gobierno español durante la Guerra del Rif, aprendiendo allí numerosos rituales a los que el Vaticano no dudaría en tacharlos de blasfemos y paganos. Este gusto por lo oculto (muy de moda en la aristocracia de la época, gracias en parte al gran Alistair Crowley) la marcó para el resto de su vida. Se decía de ella que le aficionaban las vísceras y el sexo “mágico”, tal y como lo postulaba el propio Crowley.

Estuvo casada dos veces, teniendo numerosos hijos, uno de ellos, protagonista de esta historia, se llamaba Margot. En enero de 1954 Margot Shelly Ruiz de Lihory, que llevaba una vida sencilla y trabajaba en un organismo oficial de Albacete y vivía en un apartamento, enferma gravemente de una rara enfermedad que algunos diagnosticaron como una variante de leucemia. Y he aquí donde empieza este caso espeluznante y macabro donde los caminos de la investigación policial se confunden con los de la ufología.

En enero de 1954 Ante la gravedad de la enfermedad, su madre decide trasladar a Margot a Madrid, a la casa que la marquesa tenía en la Calle Princesa (Albacete). El día 19 de enero de 1954 Margot fallece. Después de ello, y en lugar de hacer lo “católico”, Margarita se encierra en su casa con su marido y el cadáver durante dos días, sin dejar verlo a nadie, ni siquiera a sus propios hermanos. Finalmente el cuerpo de Margot es enterrado el 21 o 22 de enero.

Luis, el hermano mayor de Margot, se presenta en Madrid ante la comisaría de policía para denunciar que su madre le "ha hecho algo horrible al cadáver de su hermana", además, considera que ha habido algo oscuro en la muerte. Sea como fuere, Luís consiguió convencerlos y un juez autorizó el registro de la casa, siendo dirigido por él en persona. Lo que encontraron allí descolocó totalmente al ente policial: toda la casa está llena de tarros con vísceras de animales, sangre y, aún más misterioso, en un armario encuentran la mano derecha de Margot en un frasco lleno de alcohol.


Inmediatamente son detenidos la marquesa y su marido y es ordenada la exhumación del cadáver. En la misma habitación donde había estado el cadáver, la policía había encontrado un cuchillo y una tabla de partir carne, las tijeras y las pinzas que su madre empleaba para diseccionar a animales muertos. El examen forense del cuerpo de Margot reveló que, además de la mano, le había sido amputada parte de la lengua, le habían cortado el vello púbico y le habían extraído los ojos.

¿Qué demonios pasó en la calle Princesa número 58 de Albacete? ¿Qué le hicieron sus padres al cadáver de Margot y por qué?  Si piensas, estimado lector, que esto ya es suficientemente macabro te recomiendo que esperes a la siguiente entrega de esta historia… ¡Feliz Halloween!

Así mataba El Sacamantecas de Vitoria


Juan Díaz de Garayo tenía un modus operandi muy claro: primero, esperaba escondido en el bosque a que apareciera una mujer cualquiera (aunque se decantaba más por prostitutas). Después, haciendo uso de su fuerza brutal y en contra de su voluntad, las llevaba en medio del bosque donde las estrangulaba hasta asegurarse de que estaban muertas. Para acabar, saciaba su apetito sexual manteniendo relaciones con el cadáver, nunca con la chica viva, abría en canal el cuerpo y lo vaciaba, convirtiendo la escena en un festival de sangre y masacre con el que se ganó el apodo de Sacamantecas.

Con este mismo modus operandi llegó a matar a 6 mujeres, la primera en 1870 y la última en 1879, como vemos con muchos años de diferencia. Cuanto más se defendía la víctima más se ensañaba con ella, más puñaladas asestaba y más empleaba su fuerza bruta. Después, huía a toda prisa. El sadismo de sus crímenes aumentó con el paso del tiempo, aunque él aseguraba que cometía los crímenes obligado por unos demonios que le hacían hacer todo eso, como veremos el jueves en su perfil psicológico.

lunes, 31 de octubre de 2011

El Sacamantecas de Vitoria

Nombre
Juan Díaz de Garayo
Alias
El Sacamantecas de Vitoria, Zurrumbón
Fecha del crimen
1870-1879
Lugar del crimen
Vitoria
Singularidad
Su frente recordaba a la de un neanderthal.

La prostituta había entrado en su juego al verlo en el bosque. Era una chica joven, demacrada por la corriente de su vida aunque con un pequeño destello de luz en los ojos. Tal vez fue eso que lo descolocó. Esa belleza tan impura le atraía. Sin embargo, no estaba dispuesto a pagar por ello. La muchacha detuvo la partida de inmediato, no hay trato sin recompensa. Se dirigió hacia al camino de vuelta, esta vez sin contoneo.

Sin dudar el hombre la cogió y la arrastró con fuerza hacia el interior del bosque, donde los gritos quedaban sofocados. Cerró sus manos en torno al cuello de su víctima y esperó al último aliento. Todo pasaba en segundos pero parecía que el tiempo se relentecía mientras observaba el pánico de la muchacha.

La depositó en suelo, le arrancó su ropa provocadora y sació el apetito que le había sido privado hacía unos momentos. Mientras procedía en su enfermizo desenfreno, le desgarró el vientre a la prostituta con un cuchillo que guardaba en el bolsillo del pantalón.

Al verse acorralado por el acusador remordimiento se alzó y corrió sin dirección alguna, evadiendo cualquier explicación de lo que había hecho. Las ramas de los árboles lo camuflaban entre las sombras. Finalmente, ya sentado en el bosque intentaba asumir lo sucedido mientras daba rienda suelta a su jadeo apresurado. No lo podía creer. Todo aquello debía ser cosa del demonio. Un demonio que reapareció al cabo de doce meses con seis mujeres más. La respiración retumbaba y retumbaba por todo su cuerpo.

viernes, 28 de octubre de 2011

El final y la leyenda de El hombre Lobo Gallego



El error  del hombre lobo Gallego fue vender la ropa de sus victimas. Un día, dos hermanos, vieron a una mujer que llevaba una camisa idéntica a la de su hermana despareciada. Entonces, preguntaron a la mujer sobre la ropa y ella dijo  que se las había vendido el tendero. Al poco, los dos hermanos vieron a más personas con objetos de su hermana, entonces avisaron a la Guardia Civil. Cuando Manuel se enteró, desapareció. 
Finalmente, fue detenido el 2 de julio de 1853 en Nombela (Toledo), al ser reconocido por unos jornaleros gallegos. En abril, el Hombre logo gallego fue condenado a muerte. Su abogado intentó convencer al tribunal de que su defendido era un psicótico, todo producto de una mala educación y que no podía haber cometido ningún crimen.
Sin embargo, cuando Manuel Blancó declaró, dijo: “Yo llegue a mantener la forma de lobo hasta ocho días seguidos, aunque normalmente no pasaba de dos o cuatro días. Antonio, sin embargo, llegó a mantenerla diez días y don Genaro hasta quince, aunque lo normal eran cuatro o cinco días. Con ellos maté y comí a varias personas pero a algunos como Josefa y Benita, y sus hijos, lo hice solo”. Por supuesto, a día de hoy, no se sabe nada de tales cómplices
Un año después, se conmutó la condena a cadena perpetua. Ingresó en la cárcel de Allariz en 1854 y, según afirman algunos criminólogos, murió en la prisión de Orense, tras años de ser encarcelado.
Hasta aquí sería la versión oficial, sin embargo, ciertos investigadores, amantes del mundo esotérico, reconocen ignorar que pasó con el asesino. De hecho, no consta cómo murió y no se ha conocido ninguna tumba con su nombre. Cuenta la leyenda que, adoptando la forma de lobo, Manuel Blanco huyó hacia los bosques, donde todavía se le oye aullar las noches de luna llena.

jueves, 27 de octubre de 2011

La psicología del único hombre lobo de España

Manuel Blanco Romasanta es el único criminal que ha sido reconocido por la justicia española como “hombre lobo”. El perfil psicológico que presentaba era el de Lobishome, es decir, se pensaba que era un hombre convertido en lobo y se comportaba como tal. Bien sea por una fada o una maldición, el hombre lobo gallego  dijo que actuaba impulsado por una fuerza irresistible que le hacía convertirse en lobo y atacar a sus víctimas para devorarlas. De hecho, en los lugares donde confesó que había cometido los crímenes, se encontraron diferentes restos humanos. El término culto de este trastorno se conoce como licantropía.  En esa época la licantropía era considerada como una posesión diabólica de modo que se castigaba el pecado de bestialismo.

El hombre lobo gallego confesó a la policía que supuestamente había cometido los asesinatos juntamente con dos personas más, también hombres lobos. Según Manuel, eran Antonio y Don Genaro, naturales de Valencia. Decía que  Antonio se transformaba en hombre lobo durante más de dos semanas y Don Genaro tan solo dos días, pero era el más sanguinario e insaciable. Nada de esto se demostró, así que quizá solo estaban en su imaginación.

Aunque el principal rasgo psicológico de este asesino en serie es que se consideraba un hombre lobo, podemos ver otros rasgos de su perfil en la forma que cometía los crímenes. Se puede deducir que era una hombre calculador, ya que planificaba muy bien todos sus crímenes, cada acción estaba mesurada, esperaba el momento oportuno en los bosques para iniciar sus ataques que terminaban con la vida de las víctimas.

La otra característica que podemos deducir de sus crímenes es que era un hombre inteligente, o al menos eso parece, ya que se encargaba el mismo de falsificar y llevar cartas de las personas que había matado a sus familiares, para que no sospecharan nada de nada. Incluso en una ocasión, adoptó un nombre falso para escapar de las personas que lo estaban persiguiendo.

Además, Manuel Blanco era huérfano de padre, la cual cosa hizo  que su infancia estuviera plagada de carencias. Unas carencias que le marcaron su vida.

El Hombre lobo gallego tenía un perfil psicológico muy determinado y poco usual, pero sumamente interesante.  

miércoles, 26 de octubre de 2011

Las víctimas de El Hombre Lobo

Manuela García Blanco y su hija Petra. 1846. Naturales de Rebordechao. Confiaron en que Manuel Blanco las llevaría hacia la montaña de Santander y allí encontrarían trabajo. Nunca más se supo de ellas, aunque Manuel aseguraba que las había dejado muy bien colocadas en casa de un religioso.
Rebordechao, Villar del Barrio. Pueblo del que salían las víctimas
Benita García Blanco y su hijo Francisco. 1850. Hermana y sobrino de la primera víctima.
José Pazos García (sobrino de las hermanas García Blanco), su mujer Antonia Rúa y su hija, Peregrina. 1850. Todos familiares que querían correr la misma suerte que sus tías y primos que habían emigrado y, según Manuel, disfrutaban de una vida envidiable.
Josefa, y después María Dolores (hija de Antonia Rúa). 1850. María Dolores tenía 11 años y El Hombre Lobo aseguraba que la quería como a una hija.
Como ya dijimos ayer, nunca se encontraron sus cuerpos, y por tanto no se sabe a ciencia cierta cómo murieron. Los cierto es que Manuel Blanco Romasanta confesó, una vez detenido, éstos crímenes, y se le atribuyen más sin identificar. Fue precisamente la familia de todas estas personas quien comenzó a deducir que algo raro estaba pasando.

martes, 25 de octubre de 2011

Los crímenes licántropos de Manuel Blanco

Manuel Blanco Romasanta, el Hombre Lobo Gallego también conocido como El Tendero, planificaba sus acciones con antelación, se tomaba su tiempo. Esperaba el momento oportuno escondido en el bosque y asesinaba a sus víctimas; después, escondía sus cuerpos para no ser descubierto, les robaba los objetos personales y dinero y los vendía.

Si temía que los familiares de las víctimas buscaran con demasiado interés, les mandaba cartas en nombre del fallecid@ en las que decía que estaba bien y que muchas gracias por la preocupación y ayuda. Como Manuel Blanco conocía bien los caminos de la Galicia de 1846, se ofrecía a transportar a personas, en su mayoría chicas, hacia un lugar donde encontrarían mejores perspectivas de futuro (como las montañas de Santander). Ésas personas nunca llegaban a su destino, y nunca más se sabía de ellas; pero él, de vuelta en el pueblo, le contaba a todo el mundo lo bien que les iba. Así conseguía que más personas se animaran a ir.

Nunca se encontraron los cuerpos de las víctimas, motivo por el cual no se sabe a ciencia cierta cómo las mató. Él, una vez detenido, confesó 8 de sus crímenes, pero se cree que podrían ascender a más de 13, y declaró que obraba impulsado por una fuerza irresistible que le hacía convertirse en hombre lobo y atacar a sus víctimas para devorarlas. Afirmó también que no obraba solo, que había otros hombres lobo que le ayudaban, como Antonio y Don Genaro. Siempre existirá la leyenda alrededor de la licantropía de Manuel Blanco, pero lo cierto es que, en los lugares en los que confesó haber actuado, se encontraron restos humanos…


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