
jueves, marzo 22, 2012

La Huella del crimen
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Hoy, en la sección de Psicología Criminal nos adentramos en un aspecto muy estrechamente ligado al mundo del crimen, sobretodo organizado. Se trata de las sectas coercitivas, estos grupos de personas de los que todo el mundo ha oído hablar pero parecen un tema algo escabroso. Hablamos de sectas que tienen un carácter dominador y por eso generan preocupación ante la importante problemática social, familiar y personal que pueden generar.

Este tipo de sectas vienen definidas por sus medios y formas de actuar, no por sus fines o doctrinas: estos fines o doctrinas pueden ser de carácter religioso, cultural, terapéutico, político, esotérico, etc., por lo que resultan en general socialmente aceptables o incluso loables. Pero las sectas coercitivas son las que además, tienen un único fin; lograr el poder. Este logo puede presentarse de diversas formas: como dominio sobre la vida de los adeptos a la secta, como acumulación de recursos económicos o como expansión del número de seguidores y extensión del dominio y control a otros espacios e instituciones sociales.
Estas sectas emplean técnicas de persuasión coercitiva como un grupo totalitario para captar personas y someterlas a la dependencia del grupo. Esta dependencia, hace que la independencia de los adeptos quede reducida. Estás técnicas incluyen manipulación, control, atacar la identidad del sujeto, crearle un vacío e inducir en él/ella una transformación hasta conseguir su conversión hacia una nueva identidad. Todo esto se hace mediante métodos de reclutamiento, adoctrinamiento y explotación de sus miembros: subordinan el bienestar y la salud de los miembros en beneficio del líder o cúpula dirigente.

Y hoy acabamos con algunos factores psicosociales de vulnerabilidad que hacen que una persona tenga un perfil de fácil captación o afiliación voluntaria: edad joven/adolescencia, tendencias a la soledad y la depresión, inmadurez afectiva, dependencia, baja autoestima, baja tolerancia a la ambigüedad, idealismo ingenuo, elevado sentido de insatisfacción con la vida, deseo insatisfecho con la profundización espiritual, sistema familiar disfuncional, y muchos otros aspectos. Más adelante nos adentraremos en las estrategias de lo que conocemos como lavado de cerebro, ¡no te lo puedes perder!

jueves, marzo 15, 2012

La Huella del crimen
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Hoy en día la mayoría de personas son conscientes de que la agresión a un menor puede causarle traumas muy graves más allá del daño físico, pero ¿conocéis los efectos de las agresiones sexuales en menores? Hoy en la sección de Psicología Criminal os contamos algunos síntomas que se encuentran en aquellos menores que han sufrido agresiones sexuales:
A nivel físico, muchos de ellos tienen problemas de sueño (pesadillas), o cambian sus hábitos de comer, ya sea comer mucho más o dejar de comer. Durante la etapa de la infancia es posible que aparezca una pérdida de control de esfínteres.
En lo que se refiere a la conducta, los menos ya entrados en la etapa adolescente, pueden aparecer consumo de drogas o alcohol aunque antes no hubiera, huidas del hogar e incluso conductas auto-lesivas o suicidas. Estos síntomas traducidos en niños más pequeños pueden ser la hiperactividad y el bajo rendimiento académico, ambos casi seguros.
Emocionalmente, los síntomas son más deducibles. Por ejemplo, la mayoría de niños pequeños que han sufrido una experiencia así sienten miedo generalizado. También puede ser que expresen cierta hostilidad y agresividad. También hay muchos casos en los que es el niño el que sienta culpa y vergüenza, aun a pesar de no tener ninguna culpa de lo que haya vivido. Es fácil, sobre todo en la etapa adolescente, que aparezcan depresión, ansiedad, baja autoestima, sentimientos es estigmatización, rechazo del propio cuerpo que ha sido agredido o violado, desconfianza y rencor hacia los adultos que no le han protegido ante la amenaza, y hasta trastorno de estrés postraumático.
Los efectos colaterales de la agresión a menores más desconocidos son los sexuales. En muchas ocasiones, aquellos infantes que han sido agredidos, muestran conductas exhibicionistas. Los adolescentes agredidos acostumbran a mostrar otros síntomas: conocimiento sexual precoz e inapropiado para su edad, masturbación compulsiva, excesiva curiosidad sexual o problemas de identidad social.
Por supuesto, estas agresiones también dejan cicatriz a efectos sociales: muchos niños que han sufrido algo tan duro muestran conductas antisociales, retraimiento social, y en el caso de los niños, déficits en las habilidades sociales. Lo que está claro es que de alguna forma u otra cualquier niño que sufra una agresión, de cualquier tipo, no solo sexual, va a tener que vivir con ello y aprender a superar un episodio de su vida que sin duda no merecía.
Fuente: Psicología criminal (Pearson)