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martes, 20 de diciembre de 2011

Modus operandi de Rodríguez Vega

El asesino que tratamos esta semana es muy distinto a la de la semana anterior, Aileen Wuornos. Esta vez, tenemos un psicópata motivado por el desprecio que sentía hacia su madre, lo que provocó que la muerte sí fuera el motivo del asesinato, no el robo –aunque también se llevó cosas algunas veces-.

Mató de muchas formas distintas hasta llegar a las 16 mujeres. Su característica distintiva es que normalmente concluía sus asesinatos tapando la boca y la nariz de sus víctimas (normalmente a mujeres mayores que no tenían la fuerza y agilidad para defenderse), para que el sujeto dejara de respirar y así provocarle una parada cardio-respiratoria. Abusó sexualmente de muchas de las ancianas que asesinó, y después acababa conscientemente el crimen: trasladaba los cuerpos de las ancianas hasta su cama, las tapaba, y les quitaba sus pertenencias –y no siempre las más caras, cosas del estilo estampita de San Pancracio o un llavero de la Virgen-.

En otras ocasiones, después de tapar a la víctima sí que se llevaba objetos de valor, como televisores o joyas. Entraba en las viviendas con pretextos habituales: llamaba a la puerta y decía que necesitaba asilo, repartía tarjetas ofreciendo sus servicios como albañil, preguntaba si el piso estaba a la venta o era alquilable, etc. Después, entablaba conversación con la anciana, sentía un impulso irrefrenable y se lanzaba sobre ella. Como veremos mañana, a una de ellas le introdujo un objeto no determinado en la vagina que le produjo la muerte. Algunas de las ancianas no murieron ahogadas, si no por infarto mientras José Antonio Rodríguez Vega, el Asesino de Ancianas de Santander… las toqueteaba.

Un interés por la tercera edad que va desde el desprecio, la aversión, el odio, hasta el deseo sexual y el impulso violento.

martes, 8 de noviembre de 2011

El modus operandi de Enriqueta Martí

La vampira de Barcelona actuaba movida por sus firmes creencias de que aquello que hacía le proporcionaba salud y juventud. Enriqueta Martí, durante el día, secuestraba a niños vestida de mendiga por las calles, cuando sus madres se descuidaban. Los cubría con un manto negro y los hacía desaparecer rápidamente. Después, los llevaba hasta alguno de sus múltiples apartamentos y una vez allí les mantenía con vida algún tiempo, dependiendo del caso, en unas condiciones inhumanas, desnudos, deshidratados. Después, les arrancaba el cuero cabelludo y les abría para extraer su sangre, coger algunos de sus huesos y sustraer sus grasas. La sangre se la bebía ella, y la usaba también, junto con todo lo demás, para hacer ungüentos y medicamentos que después vendía a personas adineradas de la Barcelona de principios de siglo XX.

Algunas de las niñas a las que secuestró
Por las noches se vestía con sus mejores ropas y frecuentaba los lugares de ocio más sofisticados de la ciudad, como salas de baile, de concierto, locales de copas, etc., para codearse con los altos estratos sociales. Así conseguía clientes –en su mayoría, hombres tísicos-, a los que aseguraba que podía sanar mediante sus técnicas. Esta práctica le proporcionó a Enriqueta Martí una gran cantidad de dinero. Una vez fue descubierta, se encontraron en todos sus apartamentos algún tipo de resto de niño pequeño. Su forma tan sádica de llevar a cabo los rituales ha servido de inspiración para diversas obras de ficción.






martes, 1 de noviembre de 2011

Así mataba El Sacamantecas de Vitoria


Juan Díaz de Garayo tenía un modus operandi muy claro: primero, esperaba escondido en el bosque a que apareciera una mujer cualquiera (aunque se decantaba más por prostitutas). Después, haciendo uso de su fuerza brutal y en contra de su voluntad, las llevaba en medio del bosque donde las estrangulaba hasta asegurarse de que estaban muertas. Para acabar, saciaba su apetito sexual manteniendo relaciones con el cadáver, nunca con la chica viva, abría en canal el cuerpo y lo vaciaba, convirtiendo la escena en un festival de sangre y masacre con el que se ganó el apodo de Sacamantecas.

Con este mismo modus operandi llegó a matar a 6 mujeres, la primera en 1870 y la última en 1879, como vemos con muchos años de diferencia. Cuanto más se defendía la víctima más se ensañaba con ella, más puñaladas asestaba y más empleaba su fuerza bruta. Después, huía a toda prisa. El sadismo de sus crímenes aumentó con el paso del tiempo, aunque él aseguraba que cometía los crímenes obligado por unos demonios que le hacían hacer todo eso, como veremos el jueves en su perfil psicológico.

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