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jueves, 3 de noviembre de 2011

El Sacamantecas de Vitoria, enfermizo deseo sexual

El Sacamantecas de Vitoria, también conocido como El Zurrumbón, fue uno de los primeros asesinos en serie de la historia (incluso antes que Jack el Destripador).

Juan Díaz de Garayo empezó su andadura criminal en la madurez, cuando tenía cerca de 50 años. Hasta este momento, se considera que la bestia de Garay tenía sus necesidades saciadas.

Uno de los rasgos más característicos que presentaba El Sacamantecas de Vitoria  es que él  mismo creía que cometía los crímenes porqué le obligaban los demonios. Ya en su primer crimen podemos ver como después de ejecutarlo sale corriendo porqué se da cuenta de lo que ha hecho y huye pensando que han sido los demonios de su cabeza los que le han obligado a cometer tal crimen. Puede ser que por ese motivo haya tanto espacio de tiempo en la mayoría de sus crímenes (la primera víctima fue asesinada en marzo de 1870, la segunda la primavera de 1871 –casi un año después- y el último crimen fue en septiembre de 1879). Como podemos ver, des de su primer crimen hasta el último pasan aproximadamente unos nueve años.
  
Pero, sin embargo, los especialistas de la época desmintieron que fuera cosa de voces endemoniadas, más bien, apuntaron a que la razón de sus crímenes era saciar su enfermizo instinto sexual. Se dijo que tal vez nunca hubiera cometido esos crímenes de haber tenido este instinto sexual satisfecho. Prueba de ello fue que durante los 13 años que estuvo casado con su primera mujer, nunca perpetró ningún ataque. Después, se casó cuatro veces más y enviudó tres.Durante todos estos matrimonios (a partir de la edad de 50 años) es cuando comenzó a cometer los crímenes.

También su enfermedad sexual explica porqué todas las víctimas eran mujeres. Además, cuatro de las ocho víctimas eran prostitutas. Lo que parece obvio es que El Sacamantecas mataba porqué necesitaba saciar su apetito sexual, un apetito sexual enfermizo.

Otro de los rasgos de El Zurrumbón era su sadismo. Cometía los delitos con especial brutalidad. Una vez las víctimas habían muerto empezaba su ritual de sangre y sexo. Sangre, porqué se ensañaba con los cadáveres de las chicas, llegándoles a apuñalarles el pecho y abriéndoles el vientre. Sexo, porqué abusaba de los cadáveres de las chicas. Una vez muertas, abusaba de ellas. El Sacamantecas era necrófilo. Como ya explicamos en otros post, la necrofilia es una parafilia (patrón de comportamiento sexual en el que la fuente predominada de placer no se encuentra en la cópula, si no en alguna otra cosa o actividad que le acompañe) caracterizada por una atracción sexual hacia los cadáveres. 

Por tanto, podríamos concluir que El Sacamantecas de Vitoria, alias El Zurrumbón, era una persona con un patrón de instinto sexual enfermizo, necrófilo y sádico.  Un ser que mataba para cubrir su necesidad sexual.

Os dejamos con otro fantástico vídeo del programa Cuarto Milenio de Iker Jiménez en Cuatro, dónde se narra muy bien la historia del Sacamantecas y sus rasgos psicológicos. No os perdáis el post de mñana, veremos la resolución del caso y continuaremos con las otras partes del vídeo!


martes, 1 de noviembre de 2011

Así mataba El Sacamantecas de Vitoria


Juan Díaz de Garayo tenía un modus operandi muy claro: primero, esperaba escondido en el bosque a que apareciera una mujer cualquiera (aunque se decantaba más por prostitutas). Después, haciendo uso de su fuerza brutal y en contra de su voluntad, las llevaba en medio del bosque donde las estrangulaba hasta asegurarse de que estaban muertas. Para acabar, saciaba su apetito sexual manteniendo relaciones con el cadáver, nunca con la chica viva, abría en canal el cuerpo y lo vaciaba, convirtiendo la escena en un festival de sangre y masacre con el que se ganó el apodo de Sacamantecas.

Con este mismo modus operandi llegó a matar a 6 mujeres, la primera en 1870 y la última en 1879, como vemos con muchos años de diferencia. Cuanto más se defendía la víctima más se ensañaba con ella, más puñaladas asestaba y más empleaba su fuerza bruta. Después, huía a toda prisa. El sadismo de sus crímenes aumentó con el paso del tiempo, aunque él aseguraba que cometía los crímenes obligado por unos demonios que le hacían hacer todo eso, como veremos el jueves en su perfil psicológico.

jueves, 13 de octubre de 2011

El Arropiero y su perfil psicológico

El Arropiero presentaba un perfil psicótico. La psicosis es un trastorno mental, de origen emocional u orgánico, en el que se produce un deterioro en la capacidad de pensar, responder emocionalmente, recordar, comunicar e interpretar la realidad. 

Según las investigaciones que se llevaron a cabo, Manuel Delgado poseía el cromosoma de la criminalidad, el XYY. Aunque no es acertado llamar a este  cromosoma el cromosoma de la criminalidad, puesto que no se ha probado que todas las personas que tengan este cromosoma sean criminales, sí que hay muchos asesinos en la historia que contienen este cromosoma, es por ello que fue nombrado el cromosoma de la criminalidad. El Arropiero fue uno de ellos. 

Además, El Arropiero también presentaba tendencias necrófilas y homosexuales. La necrofilia es una parafilia (patrón de comportamiento sexual en la que el placer no es encuentra en la cópula, sino en alguna otra cosa o actividad que le acompañe) caracterizada por una atracción sexual hacia los cadáveres. De hecho, como hemos visto en el post de ayer, Manuel practicó la necrofilia con su quinta víctima, que abusó de ella una vez muerta hasta que los agentes encontraron el cadáver.

Por lo tanto, Manuel Delgado Villegas, El Arropiero, era psicótico y presentaba tendencias homosexuales y necrófilas. Además, poseía el cromosoma de la criminalidad. En sus asesinatos utilizaba la fuerza y la violencia (el golpe militar). Tenía siempre el dominio de la víctima, hasta provocarle la muerte. Solo dejó malherido a una de sus víctimas, Ramón Estrada, aunque falleció posteriormente en el hospital.

Como veremos en el post de mañana, Delgado fue ingresado en un psiquiátrico, donde fue tratado de esquizofrenia, una enfermedad que se completaba con un cuadro de megalomaníaco, desorientación espacio-temporal y tendencia al autismo.


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