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lunes, 16 de enero de 2012

El caso abierto de Long Island



Conozco perfectamente cómo debo actuar. Soy meticuloso y muy paciente. Sin paciencia no hubiera conseguido matar a nadie. Tengo experiencia y conocimientos en este campo. Nada me asusta porque todo lo tengo controlado.


No soy como esos asesinos de pacotilla que actúan a despecho, espero y espero hasta que actúo rápido y silencioso. Incluso me comparan con Jack el Destripador. Seré leyenda, lo sé.


Medios de todo el mundo hablan y especulan sobre mí. Que no se esfuercen en buscar precedentes ni en resolver el caso. No lo harán. Incluso la policía está desconcertada y perdida. 


Mato a quien se lo merece, principalmente a esas rameras, que no sirven para nada, son escoria. Cuando maté a Melissa, llamé a su hermana Amanda y se lo dije bien claro. Cualquier denigración es poca para esas mujeres sucias e inútiles. Así que no se esfuercen en buscar un por qué o un quién… el misterio de Long Island perdurará año tras año.

*recreación ficticia

lunes, 9 de enero de 2012

La Bestia de Rostov

Nombre
Andrei Chikatilo
Alias
La Bestia de Rostov
Fecha del crimen
1987-1990
Lugar del crimen
Rusia
Singularidad
Era impotente, cosa que le torturaba inmesamente. Pensaba que era un inmerecido castigo de Dios.


Era diciembre, hacía mucho frío, casi no sentía los labios. Tapado con un abrigo de plumas y una bufanda de lana, salía del colegio de donde trabajaba, cabizbajo como todos los días.


Su vida era mediocre, y encima, tenía que soportar las burlas de sus alumnos, esos “niñatos” que le apodaban "el ganso" por sus largos hombros encorvados y su cuello alargado. Hacía años que había perdido las fuerzas para conseguir respeto en las aulas su motivación por la educación, ya ni la recordaba. Se había dado cuenta que esos muchachos no aprenderían nada, cuando cumplieran la edad se irían del colegio sin más y crecerían como macarras aprovechándose de los demás.


La niebla de las calles reforzaba sus pensamientos grises, cuando apareció por la lejanía la figura de una pequeña niña que merodeaba por la zona. Debería tener unos nueve años, llevaba un abrigo rojo con capucha grande. Al verla, sintió un escalofrío, no provocado precisamente por el frío hibernal.
Se acercó a ella y empezó a charlar con esas dotes pedagógicas, que apenas utilizaba en sus aulas, pero que hacía años que dominaba a la perfección, además tenía dos hijos con los que mantenía muy buena relación.


 La convenció para llevarla a una cabaña perdida en el bosque mientras le contaba un cuento entrañable… ¿qué pasó en esa cabaña?

lunes, 19 de diciembre de 2011

El asesino de ancianas


Nombre
José Antonio Rodríguez Vega
Alias
Mataviejas o El asesino de ancianas
Fecha del crimen
1987 a 1988
Lugar del crimen
 Santander
Singularidad
Tiene aversión a su madre y una gran dificultad para establecer relaciones con los demás.
 
Con fuerzas se levantó de la butaca de madera, esa butaca que la acompañaba desde hacía años, era la única que se había querido quedar con ella. Ahora ya todos se habían ido. O bien porque ya descansaban en el cielo, o bien porque habían creado una vida a parte en la que solo una llamada al mes simulaba una mínima atención.

Aguantándose sobre su cadera para poder incorporarse, pensaba quién debía ser. A paso lento y cojeando, avanzó por ese pasillo que, al igual que ella, se había parado en el tiempo. Las fotos que había colgadas en las paredes envejecían con ella, mientras el polvo iba comiendo la poca esperanza que quedaban en esas imágenes.

Hacía días que no había salido de casa, le gustaba más quedarse en su vieja butaca esperando a reencontrarse a su marido; su querido marido que había dejado el mundo hacía demasiado. Pero el sonido del timbre al llamar le provocó una leve sonrisa, tal vez sus nietos se habían decidido a venir.
Al mirar por el hojillo de la puerta vio un hombre de mediana estatura, con cuerpo robusto, de cara agradable y presencia amable. En otra ocasión no hubiera abierto, pero el buen porte de ese muchacho y la necesidad de entablar conversación con alguien le impulsó a abrir la antigua puerta de madera.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Enriqueta Martí, la Vampira del Carrer Ponent


Nombre
Enriqueta Martí Ripollès
Alias
La Vampira del Carrer Ponent, La Vampira de Barcelona
Fecha del crimen
1912
Lugar del crimen
Barcelona
Singularidad
Fabricaba pomada de huesos de niños y ugüento de sangre fresca

Era domingo, tocaba limpieza a fondo de la casa y Claudina Elías limpiaba desde hacía horas. Era una persona muy meticulosa y vigilaba que cada centímetro estuviera libre de una mínima mota de polvo. Repasaba los vidrios de las ventanas que daban a la casa de la vecina del entresuelo. Esa mujer era muy extraña pero, como mínimo, nunca daba problemas al edificio. De repente, le pareció ver la carita de una niña con el pelo rapado tras las cortinas de esa vecina. Qué raro, pensó.

Entonces vinculó la imagen de esa cara desamparada con lo que se comentaba por el barrio. De hecho, hacía semanas que la ciudad entera estaba en vilo tras el rumor sobre que niños y niñas de corta edad habían desaparecido.

La policía continuaba desmintiéndolo, aunque ya hacía un par de semanas que investigaba el paradero de Teresita Guitart, una niña de cinco años, a la que su madre había perdido de vista la tarde del 10 de febrero en la calle de San Vicente. Ana, la madre de Teresita, se había detenido a charlar con una vecina, soltó la mano de la niña y dio por hecho que la pequeña subiría directamente hasta su domicilio. Al cabo de una hora cuando la madre regresó a casa, el padre le preguntó ¿dónde está la niña?

¿Sería esa niña la desaparecida? Claudina no vaciló, cogió su monedero y se dirigió hacia la comisaría. Pero la tomaron por cotilla, una ama de casa que, sin más, se aburría espiando a sus vecinos.

lunes, 31 de octubre de 2011

El Sacamantecas de Vitoria

Nombre
Juan Díaz de Garayo
Alias
El Sacamantecas de Vitoria, Zurrumbón
Fecha del crimen
1870-1879
Lugar del crimen
Vitoria
Singularidad
Su frente recordaba a la de un neanderthal.

La prostituta había entrado en su juego al verlo en el bosque. Era una chica joven, demacrada por la corriente de su vida aunque con un pequeño destello de luz en los ojos. Tal vez fue eso que lo descolocó. Esa belleza tan impura le atraía. Sin embargo, no estaba dispuesto a pagar por ello. La muchacha detuvo la partida de inmediato, no hay trato sin recompensa. Se dirigió hacia al camino de vuelta, esta vez sin contoneo.

Sin dudar el hombre la cogió y la arrastró con fuerza hacia el interior del bosque, donde los gritos quedaban sofocados. Cerró sus manos en torno al cuello de su víctima y esperó al último aliento. Todo pasaba en segundos pero parecía que el tiempo se relentecía mientras observaba el pánico de la muchacha.

La depositó en suelo, le arrancó su ropa provocadora y sació el apetito que le había sido privado hacía unos momentos. Mientras procedía en su enfermizo desenfreno, le desgarró el vientre a la prostituta con un cuchillo que guardaba en el bolsillo del pantalón.

Al verse acorralado por el acusador remordimiento se alzó y corrió sin dirección alguna, evadiendo cualquier explicación de lo que había hecho. Las ramas de los árboles lo camuflaban entre las sombras. Finalmente, ya sentado en el bosque intentaba asumir lo sucedido mientras daba rienda suelta a su jadeo apresurado. No lo podía creer. Todo aquello debía ser cosa del demonio. Un demonio que reapareció al cabo de doce meses con seis mujeres más. La respiración retumbaba y retumbaba por todo su cuerpo.

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