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sábado, 15 de octubre de 2011

Una teoría diferente


Hace una semana os contábamos en este blog todo lo relativo a Jack el Destripador; todo lo que habíamos encontrado en los libros de criminología que nuestras fuentes amablemente nos han facilitado. En la última entrada sobre Jack el Destripador, sin embargo, recibíamos un comentario de un blog llamado Antisatanistas con el siguiente texto: Jack el Destripador eran varios miembros de la élite de la francmasonería, en concreto, de la logia masónica Real Alpha. Como en La Huella del Crimen no queremos dejar nada en el tintero, hemos investigado esta teoría alternativa y agradeciéndole mucho a Antisatanistas la aportación, aquí os la explicamos.

En 1976, el autor británico Stephen Knight lanzó, bajo el título Jack the Ripper, the Final Solution ("Jack el Destripador: la solución final"), una curiosa teoría acerca del misterio de Jack el Destripador, el asesino de las cinco prostitutas del barrio de Whitechapel, al Este de Londres. En el libro, se sugiere la responsabilidad de la familia real británica en tal ejecución. La desgraciada historia de esas mujeres, asesinadas salvajemente por un hábil cirujano siguiendo el ritual del juramento masónico, conducía hasta el príncipe Eduardo, nieto de la reina Victoria y presunto heredero de la corona, gran protector de la Orden. El libro tuvo numerosos lectores y sirvió de base para la película Murder by Decree ("Asesinato por decreto").

Animado por el éxito de Jack, Knight escribió otro libro, que salió al público en 1984 con el título The Brotherhood. The Secret World of the Freemasons ("La Hermandad. El mundo secreto de los francmasones"), en el que exponía la gravedad de las actividades de la Francmasonería -ajena, por su carácter secreto, al control de las leyes del país- y su enorme influencia sobre el cuerpo social, político y económico, es decir, sobre policía, judicatura, ejército, educación, gobierno local, regional y nacional, aristocracia y realeza. Es importante recalcar que los libros de Kinght se encuentran aún hoy en las librerías en las secciones de no-ficción. 

Por otro lado, el diario The Telegraph, publicaba en octubre de 2009 un artículo que, bajo el título “¿La identidad de Jack el Destripador finalmente descubierta?” explicaba el testimonio de un historiador (Mei Trow) que aseguraba haber descubierto la identidad de Jack mediante técnicas de policía forense. En este caso se llegaba a la conclusión de que el asesino era Robert Mann, trabajador en una morgue. Sobre esta investigación, el canal Discovery Channel emitió un documental llamado Jack The Ripper: Killer Revealed. Para los creyentes de la teoría masónica este documental sirvió únicamente para encubrir la teoría expuesta por Knight.

Lo cierto es que, a lo largo de los años, se han propuesto más de 100 sospechosos como posibles Jack el Destripador, entre ellos Robert Mann o el príncipe Eduardo. Sea como sea, el misterio nunca acaba de cerrarse por completo.

[Fuentes: The Telegraph, etnógrafo.com]

viernes, 7 de octubre de 2011

Un misterio sin resolver

The illustrated Police News
Los medios y las técnicas policiales de por aquel entonces no fueron suficientes para poder detener al verdadero culpable de los cinco asesinatos. De hecho, incluso todavía hoy se ignora quién fue el verdadero Jack el Destripador. La falta de indicios hizo que incluso se fotografiaran los ojos de las víctimas por si habían retenido en las pupilas la imagen del asesino.

Se ofrecieron recompensas para los que pudieran aportar algún dato válido, no obstante, lo único que se consiguió fue que los vecinos se denunciasen entre ellos, aprovechando sus desavenencias. Así pues, se detuvieron falsos culpables (que incluso se atribuían el crimen) pero después de numerosas investigaciones no tardaban en recuperar la libertad, ya fuera por el hecho de que carecían de habilidades médicas o de que tenían coartadas.

Una de las sospechas enfocaba al médico de la reina Victoria, Sir William Gull, quien supuestamente habría actuado contra una prostituta que chantajeaba a un miembro de la familia real. Sin embargo, la acusación era imposible dado que tenía 70 años y había sufrido un accidente cerebrovascular.

También se apuntó sobre John Pizer, un zapatero judío aunque su coartada era perfectamente plausible y rápidamente la acusación se desvaneció. El polaco Kosminski y el ruso Michael Ostrog también estuvieron en el punto de mira aunque, a pesar de demostrar su inocencia, acabaron en un sanatorio para enfermos mentales.

En 1991 se descubrió un supuesto diario personal de Jack en el que se descubría como culpable un comerciante de algodón de Liverpool, Joseph Maybric. Posteriormente, expertos en documentos antiguos informaron de su falsedad.

La ausencia de respuestas  hacía que la investigación avanzase lentamente. A pesar de que la policía se mantenía en silencio, la prensa alimentaba cada rumor escuchado y, como consecuencia, aumentaba la cólera y el miedo entre los vecinos. Poco a poco la actuación despiadada de Jack y su perfecta ejecución para no ser descubierto lo convirtieron no solo en leyenda sino también en un ejemplo para asesinos posteriores. El vampiro de Dusseldorf, Peter Kurten, declaró que la figura de Jack el Destripador había sido un referente a seguir cuando planeaba sus asesinatos. En la misma línea, El estrangulador de Boston, Albert Henry DeSalvo, dijo a la policía que pretendía hacer algo grande “como Jack el Destripador”. Otro ejemplo es el alias del norteamericano Ted Bundy, El Destripador Americano.

martes, 4 de octubre de 2011

¿Cómo mataba Jack a sus víctimas?


En dos meses y medio, Jack El Destripador mató a un mínimo de cinco mujeres. Y no solo eso… Las mutiló. Otra característica singular de sus crímenes es que las decapitaba. Obtenía satisfacción sexual con sus asesinatos, motivo por el que eran siempre del sexo femenino, pero no se conformaba con la violación y decapitación: se dedicaba a cortar o arrancar diferentes órganos de sus cuerpos, mostrando vastos conocimientos de anatomía.
Solía comenzar el crimen violando a la mujer en cuestión de pie, aunque luego la sujetaba por el cuello y se aseguraba su silencio induciéndola a la inconsciencia a través de casi el estrangulamiento. La empujaba hasta el suelo con la cabeza hacia la izquierda y le rajaba la garganta con un objeto cortante, empezando por el extremo opuesto. Después, comenzaba el ritual que más tarde le dio el nombre de “Destripador”.
Jack amputaba las orejas, ovarios, riñones, pechos, en ocasiones el corazón… No se privaba de nada. Se le consideró un asesino de gran cultura e inteligencia, que disfrutaba con sus transgresiones y se sentía orgulloso de ellas. Se llegó a esta conclusión por el hecho de que siempre dejaba los cuerpos expuestos, con las entrañas esparcidas y rodeados por una serie de objetos que colocaba siempre de forma similar: anillos, monedas, píldoras envueltas en papel, etc.
Otra de sus características fundamentales era el sentido del humor. Jack mandó una serie de cartas a la policía, firmando como Jack El Destripador, en las que aseguraba que no pararía en su tarea de asesinar prostitutas, o que volvería a hacerlo, o que se había comido medio riñón de una mujer. En una ocasión, en la escena del crimen, Jack escribió en la pared “No hay porqué culpar a los judíos”.  Sin duda, su forma de cometer los crímenes convierte a Jack El Destripador en una leyenda, en un asesino sin alma, pero con mucha personalidad.

lunes, 3 de octubre de 2011

Jack el Destripador

NOMBRE
Jack 
FECHA DEL CRIMEN
1888
LUGAR DEL CRIMEN
East End, barrio de Whitechapel, Londres
SINGULARIDAD
Considerado “el rey del crimen”, nunca ha sido identificada y ha sido el referente de otros asesinos


    Calles oscuras, tinieblas alojadas en cada rincón, bares destartalados, burdeles sin alma... un lugar desamparado, arrastrado por la pobreza, bajo el consuelo de una botella de alcohol barato. El barrio de East End, situado en el distrito de Whitechapel, recogía los restos de la pobreza y la delincuencia londinense de 1888.       
       
    El sol emergía tímidamente la madrugada del 31 de agosto y se percibía el crujido de la madera al abrir los porticotes de las ventanas. Un transeúnte despertaba el silencio matutino mientras andaba por las frígidas aceras adoquinadas. Al final de la calle se distinguía el cuerpo tendido de una mujer de mediana edad, aparentemente desmayada.


    Al acercarse, se descubría un cuerpo con el abdomen mutilado y la mandíbula golpeada brutalmente, lo más posible que por una persona zurda. El vientre abierto, la médula espinal, la tráquea y el esófago cortados...
    El cuerpo todavía estaba caliente, tan solo hacía media hora que el asesino había actuado. Silenciosamente, escondido bajo la oscuridad, se había acercado a la víctima, se había colocado frente a ella y, aprovechando su desconcierto, casi la estrangula para asegurarse el silencio. La primera fue Polly, le siguieron cuatro mujeres más y algunas otras no atribuidas al asesino; todas fallecieron entre los muros de esta esfera marginal. 


    El asesino enviaba cartas burlonas a la policía escritas con tinta roja porque “lamentablemente, la sangre de las víctimas se coagula enseguida”. Se hacía llamar Jack el Destripador y nunca fue descubierto. Inteligente, capaz de no dejar pistas y atribuir sus actos a otros, su acción impecable se convirtió en referente para futuros asesinos.

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