
La vampira de Barcelona actuaba movida por sus firmes creencias de que aquello que hacía le proporcionaba salud y juventud. Enriqueta Martí, durante el día, secuestraba a niños vestida de mendiga por las calles, cuando sus madres se descuidaban. Los cubría con un manto negro y los hacía desaparecer rápidamente. Después, los llevaba hasta alguno de sus múltiples apartamentos y una vez allí les mantenía con vida algún tiempo, dependiendo del caso, en unas condiciones inhumanas, desnudos, deshidratados. Después, les arrancaba el cuero cabelludo y les abría para extraer su sangre, coger algunos de sus huesos y sustraer sus grasas. La sangre se la bebía ella, y la usaba también, junto con todo lo demás, para hacer ungüentos y medicamentos que después...