Antes, el veneno era la primera elección del asesino debido al sigilo con el que se podía administrar y la dificultad en relacionar al homicida con la víctima. Todavía existe una amplia gama de venenos que confunde a los forenses, ya que los síntomas físicos resultantes son sumamente parecidos a los de ciertas enfermedades mortales. Sin embargo, estos productos químicos no se encuentran fácilmente en el mercado y, por lo tanto, las personas que los usan suelen ser profesionales de la medicina o de la farmacología que están habitualmente en contacto con estas sustancias.
El veneno en accidentes y suicidios
Los ácidos minerales potentes, como los ácidos clorhídrico, sulfúrico, nítricos, y los ácidos alcalinos como la sosa cáustica y la potasa cáustica son venenos de detección demasiado fácil como para ser usados con intenciones criminales.

Uno de los venenos que ha causado más muertes accidentales es el monóxido de carbono, generado por aparatos de gas defectuosos. Como vemos, las causas posibles son muchas, más que cuando la muerte ha sido causada por un arma. Para el forense, el aspecto exterior de la víctima revela suficientes pistas para determinar la causa de la muerte, como enrojecimiento de la piel y órganos, monóxido en los pulmones, etc. Pero hay venenos que se confunden muy fácilmente con las causas naturales, como la cicuta o la aconitina. Por suerte, la ciencia y la tecnología está avanzando a pasos agigantados y los análisis y el rastreo de obtención de sustancias extrañas son cada vez más determinantes.
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